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domingo, 24 de octubre de 2010

Falsas y perniciosas nostalgias

Hace unos días, leí una información que me resultó curiosa por lo inesperada y me dejó perplejo y algo molesto. Se decía en ella que se había presentado un nuevo escudo papal en el que volvía a aparecer, encima de las llaves cruzadas, la célebre e histórica tiara sustituyendo a la más modesta pero no menos histórica mitra.
La tiara, como es sabido, es una triple corona que se convirtió en signo del poder supremo de los papas; por su parte, la mitra es el "sombrero" típico de los obispos que los identifica ante sus comunidades como pastores principales o eminentes.
A nadie se le escapa que volver a la tiara en el escudo del pontífice romano sugiere, de primeras, una posible voluntad de recuperación de signos y símbolos que el Concilio Vaticano II consideró desfasados con relación a la sensibilidad contemporánea, e inadecuados por cuanto casan mal con la necesaria sencillez y falta de boato que deben manifestar los pastores de la Iglesia en consonancia con un elemental espíritu evangélico. De ahí mi perplejidad y casi desasosiego al leer la noticia.
Afortunadamente me concedí una moratoria antes de comentarla negativamente, y si me animo a hacerlo hoy es porque he encontrado un comentario al respecto de mi amigo Antonio Pelayo en el que, con la maestría que le caracteriza, informa certeramente del asunto poniendo las cosas en su sitio, y avanza un poco más comentando con libertad y, lamentablemente, exactitud, algunos datos que parecerían confirmar efectivamente una cierta vuelta al boato y al gusto por el oropel en ámbitos eclesiales (o mejor: vaticanos o curiales en general) que estarían, al parecer, fomentando la nostalgia de un modelo eclesial, no ya poco evangélico, sino lo que es casi peor, pasado de moda, anacrónico, y pastoralmente contraproducente.
Reproduzco la magnífica columna de A. Pelayo publicada en el último número de la revista Vida Nueva.

"No han tenido mucho tiempo para regodearse los que en el fondo se alegraban de queBenedicto XVI hubiese recuperado la tiara (“imperial, autoritaria” según los críticos) en su escudo papal en vez de la mitra (“menos opulenta”, en opinión de los exegetas de heráldica vaticana). Fuentes autorizadas han aclarado que el escudo papal sigue como está y, de hecho, volvimos a verlo igual que siempre el domingo en la Plaza de San Pedro durante las canonizaciones. “Nada ha cambiado”, se nos ha dicho, y el tapete con el nuevo escudo regalado al Papa fue utilizado “una tantum”.

Es una noticia para alegrarse no tanto por la frustrada recuperación de la tiara, sino por el mantenimiento de una cierta sobriedad en las liturgias y protocolos vaticanos. Desde hace algún tiempo hemos asistido a un rebrote de puntillas, encajes, pedrería fina, etc. que parece escasamente concorde con la sencillez que debe rodear al Sucesor de Pedro, que no debe tampoco entenderse como una fingida pobreza, porque no es incompatible con la dignidad que debe revestir.

Fuera de la liturgia, y en lo que podríamos llamar “vida civil” de la Curia romana, resulta evidente que se han aflojado los criterios posconciliares de llevar un ritmo de vida sobrio y austero. No hay más que ver el parque automovilístico de algunos cardenales y monseñores para comprender que estamos muy lejos del Fiat 127 que Monseñor Benelli impuso al personal que trabajaba el servicio del Papa.

Sin fariseísmos, me parece razonable llamar la atención sobre lo que puede constituir piedra de escándalo, sobre todo en tiempos de crisis".

viernes, 15 de octubre de 2010

Las voces que hay que escuchar; la resistencia que hay que practicar

En medio de un revuelo político-mediático-social como el que estamos viviendo estos días, cuyo escaparate más llamativo ha sido, sin duda, el estallido de indignación ciudadana que, aunque no inédito ni mucho menos, ha sorprendido por su intensidad y, para algunos, "desenfreno", me encuentro nada más abrir el ordenador con un artículo -también (justamente) enfurecido- de Damian Ruiz en elmanifiesto.com que quiero compartir, extractado, con los lectores de este humilde blog, porque, a mi juicio, pone el dedo en una llaga que hasta ahora muchos no querían ver, y que les está haciendo salir de su "sueño dogmático", lamentablemente demasiado tarde.
Esa cierta incomodidad que se siente ante diatribas como ésta, creo que puede ser curativa si no nos quita la esperanza, y nos estimula a seguir practicando una "resistencia", activa o pasiva, a la espera de una regeneración o rehabilitación tan dolorosa como imprescindible; sin miedos, sin complejos, con la seguridad del cirujano que utiliza decidido el bisturí, o del rehabilitador que fuerza sin misericordia la extremidad entumecida para lograr que vuelva a ser útil.
Hoy celebra la Iglesia a santa Teresa de Ávila, mujer recia donde las haya que habló de tiempos recios y supo afrontarlos sin la blandenguería que algunos le habrían atribuído por su condición de monja.
Hoy los profetas que espabilan al pueblo tal vez no se encuentren -desgraciadamente- en conventos y monasterios; tenemos muchas veces que buscarlos en rincones de diarios y confidenciales, en columnas perdidas entre anuncios y crónicas sociales, en páginas web a lo mejor poco frecuentadas. Pero existir, existen; y siguen denunciando y oponiéndose al peor de los enemigos: la barbarie nihilista con rostro de progreso humanista, el totalitarismo disfrazado de retórica democrática.
Queda escucharlos y tratar de hacerles caso con creativa perseverancia.
Espero que disfruten el extracto:

"La progresía, que no la izquierda defensora de los justos derechos de los trabajadores, nos ha llevado hasta aquí, hasta la ansiedad de los jóvenes, el abandono de los mayores y la desmoralización de grandes capas de la población. Lo que en su día fue un respiro de libertad se ha transformado en la creación de castas parasitarias que viven del dinero público pregonando el estúpido y perverso “buenismo” que ha destrozado las estructuras sociales convirtiendo una sociedad abierta como defendía Karl Popper, y con la que estoy de acuerdo, en un terreno baldío liderado por imbéciles desestructuradores de psiques y facilitadores de la demolición total del espíritu y de la identidad occidental (¿Qué es si no, por ejemplo, la asignatura “Educación para la ciudadanía”?).

Esta gente, que ha sido una especie de metástasis cancerígena para Europa, todavía vive con la sensación de superioridad moral y ética, y se permiten considerarse los árbitros y moduladores de las sociedades equilibradas y justas. Ellos que han llevado a la descomposición familiar, al aumento del consumo de drogas, a la desamortización de la idea de pertenencia y al nihilismo narcisista a una gran parte de la población, que han arruinado a pequeñas y medianas empresas en pos de sus despilfarros clientelistas, ellos son los que diferencian el bien del mal y los que se atribuyen el criterio sobre lo que es correcto y lo que no.

Es evidente que la mayoría no queremos una vuelta atrás en determinadas libertades ni vivir bajo el dominio asfixiante de ningún dogma religioso llevado al extremo, no solo eso, sino que deseamos que nos dejen en paz en nuestras vidas personales para que las podamos dirigir a nuestra cuenta y riesgo. Pero sí que queremos una sociedad institucionalmente ordenada, propia, fuerte y con políticos al servicio de los ciudadanos y no de sus personales demagogias ni de sus miles de cortesanos. Y además, queremos una sociedad que respete nuestros valores, nuestra historia y nuestra identidad."

lunes, 4 de octubre de 2010

Un editorial vaticano que acierte en el fondo y sobre todo en la forma

El Centro Televisivo Vaticano produce un semanario llamado "Octava Dies" en el que el otro día su director, el padre Federico Lombardi , ofreció en forma de editorial, aunque redactado en primera persona, un alegato contra la pena de muerte que me ha gustado especialmente por su claridad, concisión, y sobriedad; cualidades estas que, a decir verdad, no siempre adornan el lenguaje de los comunicados y documentos producidos en el entorno del Vaticano, y que, desde luego, brillan por su ausencia en los que nos vienen habitualmente de nuestro episcopado.
El padre Federico Lombardi, nombrado por BXVI para dirigir todo el aparato informativo de la Santa Sede en sustitución de Navarro Valls, es un jesuita cuyo porte exterior no desmerece en absoluto de la imagen clásica del hijo de San Ignacio de toda la vida: sólido, intelectualmente elegante, sobrio, con el brillo imprescindible para no resultar vulgar, y la dosis correcta de astucia, acompañado todo ello de una preparación de fondo que desarma o, al menos, alerta al posible adversario.
No se si el balance de su gestión de estos años de pontificado merece una evaluación positiva desde el punto de vista de los profesionales de la materia, pero confieso que a mi me gusta su estilo, y su preparación me aporta tranquilidad.
Pues aquí tienen ese pronunciamiento -suyo en la forma, pero indudablemente de instancias "superiores" en el fondo- sobre la pena de muerte. Me extrañaría mucho, y siento decirlo, que se hiciera eco de él cualquier medio de comunicación de nuestros pagos.

"(La pena de muerte) no la quiero ni en China, ni en Irán, ni en los Estados Unidos, ni en India, ni en Indonesia, ni en Arabia Saudí, ni en ninguna parte del mundo".

"No la quiero por lapidación ni por fusilamiento, ni por decapitación, ni mediante la horca, la silla eléctrica, ni por inyección letal. No la quiero dolorosa o sin dolor. No la quiero en público, ni en secreto".

"No la quiero para las mujeres, ni para los hombres; no para los minusválidos, ni para los sanos. No la quiero para los civiles, ni para los militares; no la quiero ni en paz, ni en guerra. No la quiero para quien puede ser inocente, pero tampoco la quiero para los reos confesos.No la quiero para los homosexuales. No la quiero para las adúlteras. No la quiero para nadie".

"No la quiero ni siquiera para los asesinos, para los mafiosos, para los traidores y para los tiranos. No la quiero por venganza, ni para liberarnos de prisioneros incómodos o costosos, y ni siquiera por presunta misericordia".

"Porque busco una justicia más grande. Y es bueno caminar por este camino para afirmar cada vez más, a favor de todos, la dignidad de la persona y de la vida humana, de la cual no somos nosotros quienes disponemos".

Como dice el Catecismo de la Iglesia católica citando a Juan Pablo II, hoy para los estados, los casos en los que pudiera ser absolutamente necesario suprimir al reo "son prácticamente inexistentes".

Por ello: "Hagamos que sean inexistentes. Es mejor".



domingo, 3 de octubre de 2010

Algunas sorpresas que dan que pensar

No es la primera vez -y sospecho que no será la última- que comparto con los lectores de este modesto blog una información que encuentro en la página "La Iglesia en la prensa".
En esta ocasión he encontrado allí algo que me ha llenado de alegría.
Por lo que nos dice su blogger JM. Contreras, se ha estrenado en Francia una película sobre la peripecia de siete monjes trapenses que fueron brutalmente asesinados en Argelia a manos de fundamentalistas en 1996.
Ya es llamativo que alguien haya tenido el valor de adentrarse en el tema y llevarlo a la pantalla "con la que está cayendo" en Europa en muchas de cuyas sociedades altamente sofisticadas en lo que a planteamientos laicistas se refiere, cualquier referencia a temas relacionados con la religión en general y con el cristianismo en particular, provoca erupciones alérgicas que resulta preferible evitar preventivamente.
Pero mucho más espectacular todavía resulta que, una vez producida y presentada (por lo visto, nada menos que en Cannes, eso me ha parecido entender), la película haya cosechado -y siga haciéndolo- un éxito que deja boquiabiertos a los responsables de Le Monde, los cuales, por lo visto, no son capaces de explicarse el éxito creciente del film que terminan atribuyendo a una movilización de los católicos que estarían cerrando filas en torno a "su causa", tratando de rescatarla de la inevitable extinción a la que está sometida, se supone que por imperativo de la Historia.
He aquí la información. Después haré un pequeño comentario a modo de apostilla:

LA SORPRESA DE “LE MONDE”

"El diario francés Le Monde muestra una gran sorpresa al constatar el triunfo de taquilla de una película que trata de siete monjes franceses. No le falta razón al diario parisino, pues en “Des hommes et des dieux”, de Xavier Beauvois, no revientan helicópteros ni se incendian gasolineras… Es una película lenta, con pausas, narrada en forma sencilla, sobre los siete monjes asesinados en Algeria en 1996. No se trata de la historia de la tragedia, sino de una reflexión sobre las razones que les llevaron a permanecer en el monasterio a pesar de las amenazas.
El diario informa de que la película fue distribuida en 256 cines de Francia. En la primera semana ocupó el primer puesto en el box office (468 mil espectadores), por encima de “Salt” o “Inception”. Visto el éxito, en la segunda semana los cines fueron 424 (y los espectadores 481 mil). Hoy los cines que ofrecen el film son 464. Aumentar tres veces el número de cines no es normal para una película de este tipo. Las perspectivas son muy alentadoras: después de haber triunfado en Cannes, el film será un buen candidato a los premios “Cesar” franceses y representará a Francia en los Oscar.
Pero ya se sabe que el éxito de crítica (Cannes) no garantiza el éxito de público. En este caso, parece que la clave está siendo –según Le Monde- el “público católico”, que va poco al cine pero que se está movilizando en este caso. En opinión de un eclesiástico citado por el periódico, “la película plantea preguntas críticas sobre el sentido de la vida, la fraternidad, las relaciones con el Islam. Creyentes y no creyentes se sienten interpelados por un film que tiene diversos niveles de lectura”.

Pues bien, mi apostilla iría en esta dirección: creo que es posible ver, sin cerrar los ojos a la necesaria objetividad, una serie de indicios que apuntarían en la misma dirección: el cacareado laicismo de nuestras sociedades, que autoridades y medios de comunicación esgrimen dando por supuesto su profundo y extenso calado, tal vez deba reducirse a dimensiones mucho más modestas.

Resulta que todo el Reino Unido que, según los voceros inapelables de la información, iba a dispensar al Papa de Roma una acogida gélida, ha terminado reconociendo en el octogenario pontífice a un huésped amable, sencillo, y, sobre todo, portador de un mensaje profundo y capaz de plantear interrogantes nada banales y más que útiles para el desarrollo y felicidad de una sociedad problemática...

Resulta que una película como El Gran Silencio que narra durante dos horas la vida de una cartuja, y en la que no se pronuncia una sola palabra, alcanza un éxito descomunal allá donde se proyecta.

Resulta (ahora) que esta otra película de temática netamente religiosa y filosófica corre una suerte parecida...

Resulta que la gente "normal" con la que uno se encuentra en el trato diario, no parece manifestar habitualmente excesiva hostilidad hacia lo religioso, lo que no impide, naturalmente, que practique un sano espíritu crítico frente a tantas y tantas imperfecciones de las personas representativas de las instituciones religiosas, y frente a defectos estructurales de las mismas...

Empiezo a preguntarme ante indicadores como los que acabo de sugerir: ¿no estaremos ante una auténtica inflación mediática que deforma al alza datos reales de laicismo social, dirimiendo sin apelación, unilateral y sumarísimamente, un conflicto mucho más complejo que lo que sus crónicas y presentaciones sugieren?

Creo que preguntas críticas como ésta empiezan a ser más que pertinentes. Sería muy triste que los creyentes volviéramos, una vez más, a morder como pardillos el anzuelo de camelos revestidos de dogmatismo sociológico.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Un buen día para reanudar el blog

Llevo bastantes días con este modesto blog abandonado. A veces, escribir con regularidad resulta más difícil de lo que uno se imagina cuando emprende una iniciativa de este tipo. Es verdad que ese vicio o pecado capital -la pereza, o, si se prefiere, su versión algo light, la desgana- tiene un protagonismo indudable como factor causante, que resulta difícil de ocultar o, por lo menos, disimular; pero valga como descargo, decir que algunos menesteres inesperados se han aliado con la mencionada galvana y han dado como resultado este paréntesis que ahora lamento e intento explicaros y explicarme derramando unas cuantas -pocas- lágrimas (de cocodrilo...).
¿Y qué mejor día para romper la inacción que hoy, "dia D y hora H" en que este sufrido pais ha sido convocado a una huelga general sin pies ni cabeza, por unos mal llamados agentes y peor denominados sociales que, sin ningún tipo de escrúpulo, sin el más mínimo asomo de responsabilidad, quieren salir del armario de sus indecentes y crónicas vagancias para hacernos creer que están muy preocupados por la ciudadanía a la que se ofrecen como redentores?
Necesitamos nuevos profetas que vociferen sin miedo y zarandeen sin piedad a esta sociedad nuestra que disfruta cada día de su dosis de narcóticos bellamente envasados y se muestra incapaz de constituirse en "contra", incluso cuando una cuadrilla de incompetentes le ofrecen un lamentable placebo haciéndole creer que es la eficaz medicina que necesita.
En realidad, esos profetas los tenemos; están cada día en periódicos y emisoras, en cadenas de TV y, sobre todo, en la Red. Es cuestión de aprender a identificarlos correctamente para poder distinguirlos sin equívocos de los falsos profetas que, hoy como ayer, frecuentan los mismos foros, y hablan aparentemente el mismo lenguaje; algo les distingue, como ha pasado toda la vida: están a sueldo. Pues eso: "cherchez le patron".

domingo, 12 de septiembre de 2010

Más sobre los previos polémicos del viaje del Papa al Reino Unido

Me complace completar lo que escribí en el post anterior, con esta información que leo en el blog "La Iglesia en la prensa" del que ya me he hecho eco en alguna otra ocasión, y cuyas informaciones, siempre solventes y exquisitamente equilibradas, ayudan a situar correctamente el acontecer de la Iglesia en toda su universalidad, es decir, sin reducir "provincianamente" el horizonte de su andadura a batallitas entre tendencias ideológicas internas, como lamentablemente suele ser la tónica de los tratamientos mediáticos entre nosotros.

El Papa en Gran Bretaña: la protesta pierde gas (¿o nunca lo tuvo?)

A pesar del éxito de los grupos antagonistas para crear la sensación de que la opinión pública británica se opone al próximo viaje del Papa, parece que la impresión predominante es precisamente la contraria. No lo digo yo, sino que lo leo en The Church Mouse, un blog poco “papista”, pues está relacionado con la Iglesia anglicana (no queremos ser los “cheerleaders” del Papa, afirman, pero nos vemos obligados a señalar lo absurdo cuando lo vemos).

Según el relato del blog, los sondeos (Escocia yThe Tablet) no muestran en absoluto ese presunto “coro de protesta”. Así, las múltiples manifestaciones públicas anunciadas se están reduciendo drásticamente por falta de apoyo. Parece que habrá solo una, en Londres. Los promotores de la protesta no han conseguido involucrar a otros grupos, de modo que la lista de "supporters" se limita a un solo filón, las asociaciones relacionadas con la “National Secular Society” y la “British Humanist Association”. Tampoco cuajó la polémica a propósito de otro de los temas esgrimidos: el coste del viaje, que los opositores elevaron arbitrariamente a 100 millones de esterlinas, en vez de los 10-12 millones reales (de los que la Iglesia cubrirá una parte).

Da la impresión de que tampoco fue muy brillante la imagen de tolerancia que los promotores de la protesta ofrecieron durante un debate público sobre el viaje (foto). Según relatan el Catholic Herald y el blog Claz Coms, no faltaron los pitidos y abucheos, hasta el punto de que la propia revista New Humanist se pregunta si tal agresividad es la estrategia adecuada. Austen Ivereigh, de Catholic Voices, que fue uno de los que habló, subrayó después que a pesar de que nadie escuchaba era importante presentar y argumentar serenamente la razones de los católicos.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Inteligente y envidiable iniciativa

Alguna noticia había tenido de ello hace algunas semanas, pero ayer en La-Croix me encontré con un reportaje algo más amplio que me dio que pensar. Me refiero a una curiosa -e inteligente- iniciativa que ha tenido un grupo de católicos ingleses que ha puesto en marcha un programa de preparación intensiva de una serie de personas de ambos sexos -católicos todos, como es lógico- para hacer frente con "profesionalidad" y categoría a la desmedida (y, sobre todo, histérica) campaña de "descalificación preventiva" del Papa Benedicto en los previos a su visita al Reino Unido.
En efecto, una serie de grupos de campeones del respeto y la tolerancia, vienen uniendo sus fuerzas (con la inestimable ayuda de algunos católicos muy "concienciados") desde hace semanas para hacer saber a quien corresponda (es decir, a todo el mundo), mediante la utilización, sobre todo, de los medios de comunicación, que la visita de Benedicto XVI a su país constituye algo así como una deleznable provocación ante la que no cabe quedar indiferentes.
Una de las intoxicaciones que trascendió, por ejemplo, fue la eficaz insinuación (léase, la calumnia) de que la asistencia a los actos -incluídas las misas- sería previo pago del ticket correspondiente. Sin podérmelo creer, reconozco que yo mismo piqué ese anzuelo y manifesté mi estupor ante lo que me parecía un despropósito. Pero era mentira: una mentira más de estos grupos que reivindican a diario la sinceridad y transparencia como base de unas "ilustradas" relaciones sociales.
Pues bien, ese grupo de católicos al que me he referido, ha creído, con total acierto, que en una sociedad democrática todos los grupos -más si no son mayoritarios- tienen derecho a intervenir en la vida pública y a defenderse en caso de ser atacados, como es el caso de los católicos en esta circunstancia concreta.
Para ello han puesto en marcha un casting exigente en el que han seleccionado a una veintena de católicos de ambos sexos a los que han preparado rigurosamente para que respondan desde la solidez doctrinal y la competencia mediática a unos acusadores que hasta ahora campaban por sus respetos sin otra oposición que las bienentencionadas, pero casi siempre torpes o insuficientes, réplicas de "aficionados" -casi siempre clérigos- incapaces de estar a la altura profesional exigida para ser eficaces.
Bajo el título de "Catholic voices", ahí tenemos, pues, a unos católicos que sin arrogancia y con notable competencia y preparación saltan a la palestra para ejercer uno de los derechos democráticos por excelencia: el derecho de réplica. Sin complejos, pero insisto: con preparación y competencia; nada de aficionados de buena voluntad.
He aquí una nueva forma de apologética de la que nadie con las ideas mínimamente claras tendría por que avergonzarse porque hacer apologética, en palabras del gran maestro Paul Tillich, no es otra cosa que responder: responder desde las propias convicciones; un intento, diríamos, de obedecer al requerimiento del Nuevo Testamento: dar razón de la esperanza que nos anima.
Confieso que leyendo esta información he sentido envidia. Entre nosotros, no existe nada de esto que yo sepa, y lo que se ofrece con cierta similitud adolece de algunos vicios de raíz: un sectarismo de base que se pone inevitablemente a la altura de aquellos a quienes se intenta "responder": apologética barata cuando no infantil y muchas veces histérica.
La Iglesia no puede ni debe estar muda en la era de las comunicaciones. Pero si quiere hablar, debe hacerlo asumiendo la responsabilidad de una preparación exquisita que acabe para siempre con un amateurismo todavía más dañino que el siempre ominoso silencio.

miércoles, 25 de agosto de 2010

El "caso Galileo" y la ignorancia histórica de muchos

En el panorama un tanto desértico que, como cada año, brinda la información este mes de agosto, me encuentro con la noticia de que va celebrarse un congreso internacional sobre la Sábana Santa en Lima. Este año ha sido importante para la reliquia de Turín porque durante cerca de un mes se produjo su ostensión en la catedral de la capital turinesa acompañada de numerosos encuentros científicos sobre el particular.
Pero no voy a dedicar este post a la SS. Resulta que leyendo la noticia de ese congreso limeño, me topo con una entrevista a Manuel Carreira, un jesuita que, además de religioso, es un notable científico y buen divulgador de temas relacionados con las relaciones entre la ciencia y la fe. Por lo visto, va a participar en el mencionado congreso, por lo que un diario de la capital peruana le hace una entrevista no muy amplia sobre estos temas.
En ella, me he encontrado con su respuesta a una pregunta sobre el "caso Galileo" que me parece digna de archivarse por su nítida claridad al sustanciar la verdadera realidad y el auténtico alcance del archimanido "caso". No estaría mal que se la aprendieran de memoria todos los que se muestran complacientes (desde la ignorancia, claro) frente a las tópicas acusaciones contra la Iglesia basadas en una lectura distorsionada de los hechos históricos y no saben hacer buena "apología", no ya de la Iglesia, sino más sencillamente, de la verdad.
Me ha parecido que puede interesar a mis lectores. Ahí va:

"–El caso de Galileo se lo enrostran a la Iglesia cuando quiere aproximarse al mundo científico. ¿Qué opina de este caso?

Galileo era creyente, no pasó un minuto en la cárcel, nadie le tocó un pelo ni lo excomulgó y murió profesando su fe, asistido por una hija religiosa, y con bendición papal. En su época no había realmente física ni pruebas de que la Tierra se moviese (la prueba experimental se anunció en 1838). Sus supuestas pruebas eran inválidas, y otros astrónomos se las negaron.

Su idea correcta era que la Biblia no enseña ciencia y quería que los teólogos cambiasen la interpretación del texto según su teoría. Los teólogos se equivocaban en pensar que la Biblia enseña astronomía, pero estaban en lo correcto en decir que mientras no hubiese pruebas, Galileo debía presentar sus ideas como teoría y no pedirles cambios de opinión. En ambos casos, se excedía el campo propio para ir al ajeno. Nosotros, hemos aprendido esa lección y debe haber mutuo respeto".

domingo, 22 de agosto de 2010

La edad de la primera comunión (y 4)

Hora es ya de terminar con este tema que curiosamente, y a pesar de haber saltado en plena época vacacional, en la que a todos medio nos resbalan casi todas las cuestiones que encierran alguna problemática, ha suscitado bastante interés mediático.
El argumento de fondo en contra de esta "sondeada" (por el cardenal Cañizares y luego por el mismo Benedicto) modificación de la edad de la primera comunión adelantándola todavía más de lo que está, es de carácter teológico. Quiero decir: según entandamos lo que es un sacramento, así procederemos a la hora de fijar el mejor momento vital para su realización. Esto es de especial aplicación en el caso de los llamados sacramentos de iniciación que, como se sabe, son el bautismo, la confirmación y la eucaristía.
Si consideramos que en el sacramento lo que tiene que primar es su carácter de signo de la cercanía de Dios a una existencia concreta, entonces seremos proclives a preconizar una relativización del momento de su celebración, ya que la respuesta en fe del hombre agraciado por esa presencia de Dios en el signo sacramental, resultará algo claramente secundario. Es el caso del bautismo de niños, caso extremo en el que curiosamente la Iglesia ha aceptado que la fe del niño que celebra el sacramento -fe que es un elemento absolutamente indispensable- sólo aparezca en la persona de sus padres y padrinos que se la prestan hasta que él pueda hacerla suya consciente y libremente más adelante.
A esta luz, parece evidente -y así lo ha practicado la Iglesia hasta hace poco tiempo (hablo de occidente)- que el niño bautizado, sin consciencia del sacramento que celebraron "por él", debe ser ayudado para que en esa edad del discernimiento (hoy, en torno a los ocho años) ratifique su bautismo mediante el signo correspondiente que es la confirmación.
A partir de ese momento, se abre un recorrido algo más largo de progresiva maduración que deberá desembocar, tras varios años de oportuna catequesis, en la celebración de la eucaristía (en torno a los doce años -si no se optara por diferirlo hasta la mayoría edad propiamente dicha-pero siempre antes de entrar en la adolescencia, período lleno de turbulencias poco propicio para compromisos de ningún tipo).
La eucaristía, entonces, aparece como lo que es: un signo (=sacramento) de la presencia de Dios en la vida de una existencia que YA es capaz de responder con una fe razonablemente madura, y de hacerse cargo de que pertenece a un pueblo "especial" que se alimenta de ese pan bajado del cielo sin el que no es posible caminar por este mundo cuya dificultad ya va percibiendo. No se anula así en absoluto el carácter gratuito de esa presencia de Dios, pero sí se equilibra dando paso al otro elemento indispensable que es la respuesta en fe del hombre.
La propuesta de adelanto de la edad de la primera comunión no parece tener en cuenta esta reflexión que es el abc de la teología sacramental, pretendiendo situar a este sacramento, que es la culminación de la iniciación cristiana, mucho ante de que esa personalización en la fe de la gracia de Dios sea mínimamente posible.
Si a todo esto añadimos los datos de la sociología, de la psicología evolutiva, y de la simple observación de la realidad, veremos por qué ese intento de adelantamiento aparece como escasamente convincente, además de contradictorio con lo que viene siendo la práctica pastoral desde hace casi medio siglo, una práctica poco exitosa, ciertamente, pero no a causa de la edad, sino de otros muchos factores que hay que conocer bien y asumir con lucidez y valentía renunciando a nostalgias de un pasado que, nos guste o no, parece que no va a volver.

martes, 17 de agosto de 2010

Elogio apasionado de Europa

Definitivamente, el mes de agosto imprime un ritmo vital mucho más lento y sosegado que los demás meses del año. Aunque no estoy de vacaciones, experimento esa especie de pereza veraniega que hace, entre otras cosas, que descuide el ritmo de este modesto blog.
Tengo pendiente concluir la reflexión sobre la edad de la primera comunión de los niños, lo que pensaba hacer hoy, pero me he desayunado con la lectura de un artículo de Damián Ruiz en El Manifiesto (elmanifiesto.com) que me ha gustado mucho y pienso que reproducirlo aquí puede ser un buen servicio a los lectores, además de un contrapunto temático al asunto más "casero" de la primera comunión. Ni que decir tiene que comparto con el autor todo lo que dice; es más me parece que podría ser una excelente "catequesis" para muchos de nuestros jóvenes seriamente amenazados por un provincianismo, cunado no papanatismo, cultural extremadamente peligroso.

"Soy un nacionalista europeo, sin ambigüedades, sin fisuras, un demócrata social-conservador que cree en esa nación de naciones que, a pesar o gracias a su turbulenta historia, se constituye con todo su esplendor como faro del mundo. Siento pasión por estas tierras, por sus gentes, por la diversa pluralidad de manifestaciones de una misma cultura. Cultura que nace en Grecia y que arraiga en el judeocristianismo y que ahora mismo está en peligro de derrumbe.

A mis cuarenta y cinco años creo haber recorrido buena parte de este continente, desde el norte de Escocia a los Países Bálticos, pasando por Portugal, Centroeuropa, el sur de Italia, Polonia, con su maravillosa y fascinante Gdansk, y por supuesto sus grandes capitales: Londres, Madrid, Roma, Berlín y mi adorado París. Un buen amigo que nació y reside allí, me preguntó una vez que siendo tanto mi fervor por esta ciudad por qué no me trasladaba a vivir ahí. Y mi respuesta, aparte de porque profesionalmente no puedo, fue decirle que ese París, el mío, está hecho de una mezcla de realidad y de idealización que de hacerlo cotidiano podría esfumarse, algo a lo que no quiero renunciar. París debería ser para los occidentales de cualquier parte del mundo lo que la Meca para los musulmanes, un lugar de peregrinación obligado al menos una vez en la vida.

Pero los occidentales no solamente ya no valoramos “lo nuestro”, sino que cada vez estamos más vulgarizados, banalizados, degradados ética y estéticamente, debilitados por esa neurosis colectiva que nos han inoculado los adalides del pensamiento débil, atomizados en un individualismo insolidario y egotista, ausentes de nuestra historia, de nuestra apasionante y espléndida historia, viviendo en la insustancialidad y ansiosos porque ocurran cosas… ¿qué?... no importa… que pase algo para llenar el tiempo.

Acabo de llegar de un breve periplo junto a mi esposa por Irlanda, y aparte del agotador trabajo de turista, de libre albedrío pero turista al fin y al cabo, he sentido algunos de sus paisajes, escuchado alguna de sus músicas y palpado algo de su espíritu, y he dormido en el mismo pabellón del Trinity College en el que se alojó Bram Stoker, el creador de Drácula, en una habitación sobria y austera, cercana a la casa de Oscar Wilde. Puede que haya a quien esto no le diga nada, pero para mí cualquier nombre de nuestra cultura que haya hecho alguna aportación elevada al imaginario colectivo merece tanto respeto que, aunque no se encuentre entre mis preferencias personales, hace que sienta una cierta devoción por el regalo ofrecido.

Pero también he visto, como en cualquier ciudad europea, como en mi misma Barcelona natal, ese batiburrillo de McDonalds, Kebabs, Subways, etc., que uniformizan el paisaje urbano, que configuran una clase obrera consumista de bajo perfil sin sentido de su ser, de su lugar como columna de las naciones y como sector reivindicativo y reformista de las sociedades prósperas. Echo en falta esa izquierda social digna, alejada de la babosa progresía, que lucha por las mejoras laborales y culturales de los trabajadores y por su cultivo como seres humanos enraizados en sus sentimientos de pertenencia. Pero la izquierda ya no cumplirá esa función: su decadencia, su impostura, su traición histórica -salvo honrosas excepciones-, es tan absoluta que solo sirven al deterioro de todo el colectivo y especialmente de los más débiles. Solo naciones con alto sentido de su significado histórico y con un fuerte sentimiento paternal hacia sus “hijos” (a diferencia del “maternalismo” sobreprotector de los Estados “corruptibles” del bienestar contemporáneo) pueden devolver la dignidad a los diferentes sectores sociales.

Y es que cada vez veo más jóvenes en la pobreza, y miren, no sé si es porque no tengo hijos, pero es el sector social que, personalmente, más afecta mi sensibilidad. Los he visto en Dublín, los veo en Barcelona, en cualquier ciudad de nuestro continente… Veinteañeros pidiendo en la calle o buscando en los contenedores, o como ya expliqué en un anterior artículo, esperando al cierre de los supermercados para que les den los excedentes del día.

Y ahora cierro el artículo: no se puede amar una tierra, una nación, un continente, ni admirar su naturaleza, sus instituciones o su cultura, sin amar a sus gentes, y especialmente sin cuidar de sus viejos y de sus jóvenes. Por eso hay que desenmascarar a toda esta plaga que se esconde en el progresismo para diluir nuestras esencias y para, desde la utopía social y la frivolidad de sus intereses personales pequeño burgueses, dejar en la marginación a los más débiles y a aquellos que tienen la edad que les permitiría desarrollar la fuerza y la energía para aportar lo mejor de ellos a la sociedad.

Siempre he pensado que el bipartidismo democrático, al estilo británico, es el mejor sistema político existente, y yo personalmente no pienso subirme a ningún otro carro de esos que no se sabe a dónde nos puede llevar, pero las izquierdas y las derechas deben volver a ser dignas, patrióticas y con alto un alto sentido de la responsabilidad y la justicia social. De no ser así estamos vendidos, y ya lo estamos.

Amar a Europa significa, sobre todo, creer que la podemos regenerar".

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