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martes, 8 de marzo de 2011

Las amargas y funestas secuelas del terrorismo de Eta

Acabo de leer en Religión digital una entrevista con Rafael Aguirre, un estudioso del Nuevo Testamento, Evangelios, y más en concreto todavía, de los orígenes del cristianismo de primera categoría.
En la mencionada entrevista presenta su último libro titulado "Así empezó el cristianismo" que promete ser, como todo lo que escribe, además de científicamente riguroso, de lectura sumamente interesante, y para algunos, sin duda, hasta apasionante.
Pero no es esta faceta de investigador del profesor Aguirre la que me interesa comentar en este post. Rafael Aguirre es un sacerdote vasco que ha vivido y sigue viviendo en su tierra, y que no ha permanecido encerrado en una torre de marfil ajeno al drama diario que ha vivido esa sociedad, y por extensión, toda España, desde hace ya medio siglo: una violencia, contemplada en un principio casi como un juego de jóvenes cachorros aspirantes a libertadores y salvadores de todas las patrias, que ha terminado convirtiéndose en un cáncer de casi imposible extirpación, en una auténtica pesadilla.
Aguirre no ha renunciado nunca a un doble compromiso: el del intelectual que estudia las fuentes escritas del cristianismo, y el del sacerdote que comparte la peripecia vital de sus hermanos tratando de iluminarla desde su condición de hombre cualificado en la iglesia como pastor.
Por eso no han sido infrecuentes sus referencias, en entrevistas y artículos (suele colaborar con frecuencia en El Correo), a la situación sociopolítica del País Vasco marcada trágicamente por la violencia terrorista y por el auge y consolidación del virus del nacionalismo.
Creo que puede resultar muy interesante a los lectores de este modesto blog, leer lo que sobre todo esto dice en los párrafos finales de la entrevista a que he aludido. Los transcribo tal cual esperando que los disfruten. Se agradece su lucidez, ¿verdad?

"Creo que estamos asistiendo al final del terrorismo, y creo que ha sido debido a la intervención del Estado de Derecho sin complejos, sin concesiones políticas. Lo cual me parece enormemente positivo. La Iglesia ha tenido sus luces y sus sombras en estos años, pero hay una labor que compete a toda la sociedad civil y también a la Iglesia vasca: la deslegitimación de ETA. ETA esta derrotada, pero hay que deslegitimar la ideología de ETA.

ETA responde a una ideología idolátrica, fanática, que obnubilaba las mentes, se erigía en lo absoluto. La Iglesia tendría que haber sido mucho más enérgica y lúcida a la hora de denunciar la ideología que estaba detrás de ETA. No sólo condenar los atentados, sino también denunciar la ideología. Cuando el terrorismo desaparece, la ideología no lo hace de la noche a la mañana. No podemos pensar en una sociedad vasca que haga borrón y cuenta nueva y viva como si ETA nunca hubiera existido. No. La deslegitimación ética de ETA va a suponer una operación de recuperación y regeneración moral y cultural de la sociedad vasca que va a llevar mucho tiempo. Ahí la Iglesia tiene una labor muy importante que realizar. Así como digo que tiene que renunciar a mediaciones o intermediaciones, su papel específico es contribuir a la regeneración moral, social y cultural de la sociedad vasca, y contribuir a la deslegitimación de lo que ha supuesto y todavía hoy supone ETA".

sábado, 26 de febrero de 2011

Laicidad, Islam, Europa: un debate imprescindible

A nadie se le oculta, ni siquiera a los menos necios de nuestros gobernantes, que Europa tiene un problema serio con todos los ciudadanos que viven en el continente desde hace ya muchos años (3ª generación), pero cuya procedencia es de otros países con culturas, costumbres, y sobre todo religiones, ajenas a las asentadas en sus diferentes naciones.
Concretando más, hay que decir que el Islam empieza a descubrirse como, por lo menos, potencialmente peligroso, debido a su indudable vigor y a su nunca disimulada vocación de expansión infiltrante.
En un reciente post aludí a la preocupación manifestada hace unas semanas por el presidente Sarkozy, que, en la mejor tradición de reflexión y debate de la cultura francesa, ha convocado a una discusión abierta sobre el tema del laicismo y la "integración" -más que problemática- de la población musulmana en el marco de la legendaria legislación laica-republicana del país vecino. Aunque es indudable que detrás de este anunciado debate existen razones de posicionamiento político de cara a futuras confrontaciones electorales, no deja de ser ejemplar que desde la cúspide del poder político, se afronte con seriedad lo que, desde luego, no es ningún juego de niños.
Y digo esto porque entre nosotros todo lo referente a esta temática -presencia pública de la religión, laicidad, integración de minorías religiosas, etc.- se suele plantear, esa es mi impresión, con frivolidad, ignorancia y maniqueísmo. Una pena.
He dudado, pero finalmente me he animado a compartir con los lectores de esta Ventana Indiscreta una información que he encontrado en el boletín de la Agencia Zenit, a pesar de su longitud. Creo sinceramente que merece la pena leerla. Después de hacerlo, uno puede situarse mejor en la enmarañada cuestión, y no resulta difícil adivinar sobre qué tendremos qué discutir los españoles en un futuro no lejano si no queremos que nos atropelle el tren que ya ha salido de la estación más próxima. Pasen y lean:

"Francia afronta los problemas de la laicidad y el islam
El partido de Sarkozy organiza un debate nacional sobre estas dos cuestiones

ROMA, viernes 25 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- Después de haber afrontado espinosas cuestiones como la llamada “identidad nacional” y el uso del velo musulmán integral en público, el presidente francés Nicolás Sarkozy se prepara nuevamente para meterse en un terreno peligroso, el de la “laicidad” y especialmente el de la compatibilidad del Islam con la República y los valores republicanos.

Su partido, UMP (Unión para el Movimiento Popular) ha organizado para el 5 de abril unaconvention sobre “el ejercicio de los cultos religiosos en la República laica y de modo particular el ejercicio del culto musulmán”.Estas fueron las palabras del secretario general de la formación de derecha, Jean-François Copé (la-Croix.com, 17 de febrero).

Recibiendo el pasado miércoles 16 de febrero a los diputados del UMP, el presidente denunció “la creciente brecha que existe entre los medios de comunicación y la preocupación de los franceses” con respecto a las cuestiones del islam y de la laicidad. “Hemos pagado muy cara la ceguera sobre la inmigración de los años '80. Era un debate tabú. Con la laicidad y el islam sucede lo mismo”, dijo Sarkozy, que ha pedido, para este año, propuestas concretas sobre elementos como el contenido de las predicaciones de los imanes y los lugares de culto musulmanes (Le Figaro, 17 de febrero).

Sarkozy quiere frenar, en particular, el mal visto fenómeno de las reuniones de los musulmanes para rezar en la calle, que fue el caballo de batalla de Marine Le Pen, presidente del Frente Nacional (FN) e hija del fundador del partido de extrema derecha, Jean Marie Le Pen.

“Debemos tener un debate sobre la oración en la calle. En un país laico no deben existir llamadas a la oración en la calle”, continuó Sarkozy. “Es necesario llegar a un corpus ideológico en el 2011”, afirmó Sarkozy ante los diputados del UMP.

La derecha tampoco rechaza la modificación de la ley de 1905 sobre la separación entre el Estado y la Iglesia, que estipula que “la República no reconoce, ni paga ni subvenciona a ningún culto”. Ha sido el secretario de Estado de Vivienda y Urbanismo, Benoît Apparu, el que confirmó la idea de autorizar una financiación pública para los lugares de culto. “Según mi opinión, es necesario facilitar la construcción de mezquitas en nuestro país, aún a costa de que el Estado deba participar”, dijo a Radio Montecarlo y a BFM-TV. De acuerdo con Apparu, si es necesario, se hará una reforma a la normativa.

No todos los exponentes del gobierno del primer ministro François Fillon parecen dispuestos a tocar la “ley símbolo” de la Francia laica. El ministro de Presupuestos y portavoz del gobierno Fillon, François Baroin, dijo en Europe 1 que “en la agenda del gobierno no hay un texto que lleve a una modificación de la ley de 1905 y como responsable político del UMP y encargado del debate no seré favorable a una modificación de la ley de 1905, se abriría la caja de Pandora”.

Sobre este argumento ha opinado también en una entrevista con Le Figaro del 17 de febrero, otra figura clave de la mayoría, el actual ministro de Defensa y fundador del UMP, Alain Juppé. “La ley republicana -dijo- debe ser aplicada en condiciones de igualdad para todos. Ciertamente la diversidad existe. Pero el principio republicano […] es que la ley no puede aceptar las diferenciaciones basadas en criterios religiosos o étnicos”.

“Con respecto a los derechos, es imperativo afirmar que los musulmanes, como los católicos, los judíos, los protestantes y demás, tienen el derecho de poder practicar su culto. Entre los deberes, está el respeto a los valores republicanos y en particular a la igualdad entre hombre y mujer”, añadió Juppé.

Pero el ex primer ministro invita también a la prudencia. “Es necesario conducir y controlar este debate porque se puede desbandar. El islam es la segunda religión de Francia y no es concebible su estigmatización”.

También la ex misnistra de justucia, Rachida Dati, de origen magrebí, ha advertido al respecto. “El debate sobre el Islam, que no supone un problema para mí, es pertinente. Pero es necesario tener cuidado, y es importante decirlo, para no estigmatizar el Islam como religión y no estigmatizar a los musulmanes, que en primer lugar son franceses”, declaró en France 2.

Con palabras similares se expresó también el presidente de la Federación Protestantes de Francia (FPF), el pastor Claude Baty. Como cabeza de la tercera religión del país, confesó que temía “lo peor” y dijo que “tener como objetivo específico las oraciones de los musulmanes en la calle significa estigmatizar una sola religión, y esto es malsano” (AFP, 17 de febrero).

La oposición critica la iniciativa de Sarkozy y del UMP, acusándoles de afán de protagonismo en vista de las citas electorales de 2012 (presidenciales y legislativas) y de querer robarle espacio a la extrema derecha, que desde hace meses está usando el tema en su campaña contra la islamización de Francia. Para el diputado Henri Emmanuelli (PS), Sarkozy se ha quedado atrás. “No ha entendido todavía que con este tipo de iniciativas trabaja para Marine Le Pen”, dijo el ex ministro socialista, invitado en el programa Le Talk-Orange-Le Figaro.

Según Sarkozy, la izquierda se equivoca. “Marine Le Pen propone los problemas pero trabaja poco por las soluciones”, de este modo se defendía de las críticas el inquilino del Elíseo ( Le Figaro, 17 de febrero). Sin embargo queda el hecho de que la extrema derecha crece en los sondeos, robando intención de voto al UMP. Según un reciente sondeo IFOP para el periódicoFrance-Soir, la joven Le Pen (nacida en 1968) subiría al 19-20% en preferencias en la primera vuelta de la presidenciales del 2012, respecto al 22-23% para el presidente Sarkozy, es decir la diferencia entre los dos políticos sería como máximo del 3-4% (Le Parisien, 19 de febrero).

La misma Marine Le Pen pidió al UMP “de nuevo otro pequeño esfuerzo”. “Quiero destacar que cuando el FN está en el 15% en los sondeos, el UMP habla de los problemas”, dijo a Le Point.fr (17 de febrero). “Pero no soy tonta”, continuó, la convención del UMP será solo “blabla”, es decir charla vacía. Para la política “las oraciones en la calle no son la consecuencia de la falta de sitio en los lugares de culto musulmanes. Esto es mentira y es una manipulación”.

La propuesta más drástica fue hecha por el Partido de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon, que ha pedido volver al texto original de la ley de 1905, eliminando la modificación realizada en 1942 por Philippe Pétain, jefe del entonces gobierno colaboracionista de Vichy. Mélenchon pidió además la derogación del concordato napoleónico de 1801, que todavía estaba en vigor en la región de Alsacia-Mosella.

Para la diputada del UMP, Arlette Grosskost, la excepción de la Alsacia-Mosella -única región donde la ley de 1905 no se aplica y donde el Estado paga a los ministros de los tres cultos reconocidos (católicos, protestantes y judíos)- funciona muy bien. Incluso, según Grosskost, es hora de incorporar al islam en el régimen concordatario. “El islam es la segunda religión de Francia. Es necesario abrir los ojos, no se volverá atrás”, dijo (Le Parisien, 21 de febrero).

Una cosa está clara: después del la canciller alemana Angela Merkel, en octubre de 2010 y el primer ministro británico, David Cameron, en su discurso pronunciado el 5 de febrero durante la47ª Conferencia sobre Seguridad en Munich, también el presidente Sarkozy rechaza, por tanto, el “multiculturalismo” o lo que de él deriva.

“No queremos una sociedad en la que las comunidades coexisten una al lado de la otra. Cuando se llega a Francia se acepta la incorporación a una sola comunidad, la comunidad nacional”, así afirmó Sarkozy el pasado jueves 10 de febrero, en el canal televisivo TF1. Según un sondeo, publicado en el libro “Les Français face aux inégalités et la justice sociale” (que llegará a las librerías el 9 de marzo), sólo el 20% de los franceses quiere que los inmigrantes “mantengan sus tradiciones particulares”, mientras que el 80% quiere “que se adapten y se amalgamen en la sociedad” (la-Croix.com, 17 de febrero).

La sociedad multicultural y multiétnica fue defendida por tres políticos ecologistas, Esther Benbassa, Noël Mamère e Eva Joly, de Europe Écologie. “La integración y asimilación son movimientos venidos de los alto, autoritarios, que no toman en consideración las realidades humanas”, afirmaron en un foro público publicado el pasado 27 de enero en el periódicoLibération. El trío hacen un llamamiento a favor de lo que llaman “una laicidad racional que reconozca la parte de la pertenencia étnica, cultural, religiosa y lingüística”.

Por Paul De Maeyer. Traducción del italiano por Carmen Álvarez

martes, 22 de febrero de 2011

Cuando sorprende la transparencia

No la conozco personalmente. Una vez tuve ocasión de estrechar su mano en un acto al que asistía y en el que protocolariamente saludó a los presentes. Pero como a tantos y tantos madrileños y españoles, no me deja indiferente. Hablo de Esperanza Aguirre.
Comprendo perfectamente que, en el terreno político, tenga detractores, es decir, personas que discrepan de sus enfoques teóricos y de sus realizaciones prácticas: es legítimo, y más que necesario, imprescindible en la vida ciudadana. Lo que ya no entiendo es el especial odio ideológico con que le obsequian muchos adversarios políticos, sobre todo de izquierda: hablan de ella como si encarnara en su persona todos los monstruos que, para ellos, lleva consigo intrínsecamente el liberalismo, o, como gustan decir, el neoliberalismo, invento semántico que parece decir mucho aunque en realidad no dice nada; es decir, simple tapadera de los que ignoran todo o casi todo sobre el pensamiento liberal.
Ayer, en el curso de una innauguración, anunció que padecía cáncer de mama y que estaría ausente de la actividad política una breve temporada para centrarse en su tratamiento y curación. Todos han alabado su valentía.
Pero lo que más me llama la atención y quiero comentar aquí, es la extraordinaria admiración que ha provocado, no ya su decisión de plantar cara a su dolencia con el mayor coraje -eso lo hacen cada día cientos de mujeres, a las que aprovecho para rendir homenaje- sino el haber optado por comunicarlo públicamente y sin ningún tapujo a todos los ciudadanos.
Y es que estamos tan acostumbrados a la mentira -al menos, a la ocultación de la verdad-; nos parece tan natural el sistemático maquillaje de la realidad, consideramos tan lógico que los dirigentes nos engañen por sistema, que cuando alguien, en este caso un alto cargo de la administración pública, expone con toda sencillez y naturalidad un dato que le afecta personalmente y que va a tener repercusión pública y política, casi nos escandalizamos ante tanta transparencia.
Sin embargo, cada día me resulta más evidente esa sabiduría del viejo -y cada día menos conocido- evangelio, cuando vincula estrechamente verdad y libertad: "la verdad os hará libres". No lo olvidemos: la verdad, no su caricatura.

viernes, 18 de febrero de 2011

Aprender a tomar en serio los problemas esenciales

"El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, lanzará en abril un debate en el seno de su partido para reflexionar sobre el laicismo y el lugar que debe ocupar el islam en la sociedad, un año antes de las elecciones presidenciales de 2012, informa hoy el diario «Le Figaro». «Pagamos muy cara la ceguera de la inmigración en los años ochenta. Era un debate tabú. Con el laicismo y el islam ocurre lo mismo», dijo ayer el jefe del Estado a varios diputados de su partido a quienes recibió en el Palacio del Elíseo".
Copio esta entrada de Infocatólica. Con ella introduce este portal de información religiosa de tendencia más que conservadora una ampliación de esta importante noticia de la que también, y como no podía ser menos, se hace amplio eco el periódico galo La-Croix.
No puedo ocultar la envidia que me produce ver cómo un dirigente de un país de esa Unión Europea a la que pertenece nuestra España, vuela a considerable altura, trayendo a la palestra pública un tema de debate que nuestros indoctos gobernantes pretenden despachar con unos cuantos chascarrillos de barra de bar sobre curas, obispos y papas, o, en el mejor de los casos, con tópicos trasnochados a propósito de algo tan serio y tan complicado como es el concepto de laicidad y sus distorsiones o degeneraciones laicistas.
En el mismo orden de cosas, me ha resultado llamativa la foto que aportan los diarios franceses en la que se ve a Sarkozy departiendo cordialmente con diversos dirigentes religiosos de Francia ante los que planteó su resolución de estudiar a fondo el problema a que se refiere la noticia que estoy comentando. El tema de la religión en nuestras sociedades es, quizás, uno de los de mayor calado con el que éstas deben enfrentarse en este siglo XXI.
¿Es posible hacerlo desde la ignorancia supina, el resentimiento histórico, la confusión y la distorsión de los datos de la historia? Evidentemente, no. Se requieren muchas dosis de sabiduría, de humanismo, de conocimiento histórico y de imparcialidad emocional para abordarlo con garantías de que las conclusiones a que se llegue puedan ser de utilidad para configurar una sociedad mejor, más madura y más reconciliada.
Pues que pase de nosotros el cáliz de la ignorancia, cuando no de la mala fe, que nos ha tocado beber y cuya capacidad tóxica llevamos comprobando más de seis años. Y que los que vengan después aprendan la lección y se pongan desde ahora manos a la obra del estudio y el debate de asunto tan trascendental.

jueves, 3 de febrero de 2011

Revueltas norteafricanas: justificada preocupación

Llevamos unos días desayunándonos con noticias muy preocupantes procedentes del norte de África. No es para menos. Las revueltas, primero en Túnez, y ahora en Egipto, desasosiegan a cualquiera que se tome en serio la enorme peligrosidad que entraña un desequilibrio político-social de unas zonas del mundo (sobre todo Egipto) que, como suele decirse utilizando descripciones tópicas pero certeras, constituyen auténticos polvorines capaces de estallar en cualquier momento.
Quiero reproducir unos datos procedentes de diversos sondeos que dan cuenta del pensamiento social y político de los habitantes de diversos países potencialmente conflictivos. Los he encontrado en el blog de Sandro Magister en L'Espresso, y me han parecido tan interesantes como preocupantes. Espero que sean también de interés de mis lectores:

ROMA, 3 de febrero de 2011 – Buena parte de la población egipcia que en estos días se ha rebelado contra el treintañal régimen de Hosni Mubarak dice que prefiere la democracia a toda otra forma de gobierno.
Pero al mismo tiempo, y en aplastante mayoría, quieren que sea lapidado quien comete adulterio, que se corten las manos a los ladrones y que sean llevados a la muerte quienes abandonan la religión musulmana.
Es lo que resulta de un sondeo, llevado a cabo en Egipto y en otros seis países de mayoría musulmana por el Pew Forum on Religion & Public Life de Washington, número uno en el mundo en lo que se refiere a las investigaciones en este campo: los otros seis países indagados son Turquía, el Líbano, Jordania, Pakistán, Indonesia y Nigeria.

El caso de Egipto está particularmente bajo observación en estos días. Pero también son de gran interés las comparaciones con los otros países.
La democracia, por ejemplo, es considerada la mejor forma de gobierno por el 59% de los egipcios, mientras que en Turquía y en el Líbano recoge consensos todavía mayores, del 76 y del 81% respectivamente.
No obstante, en Egipto, el 22% de la población considera que en algunas circunstancias es preferible un gobierno no-democrático.
Respecto a las relaciones entre política y religión, casi la mitad de los egipcios piensan que el Islam influye ya ahora muy fuerte en la política. Y entre los que lo ven así, el 95% juzga que eso es bueno.
En general, el 85% de los egipcios juzga positiva la influencia del Islam en la política, contra sólo el 2% de respuestas negativas. En el Líbano y en Turquía, por el contrario, los juicios negativos son superiores al 30%.
En un choque entre modernizadores y fundamentalistas, el 59% de los egipcios dice que prefiere a los fundamentalistas, contra el 27% que dice ser partidario de los primeros. En el Líbano y en Turquía, los porcentajes se invierten: el 84% y el 74% respectivamente están con los modernizadores, mientras que con los fundamentalistas se alinean el 15% y el 11% [respectivamente].
Más de la mitad de los egipcios, exactamente el 54%, tanto mujeres como hombres, están a favor de la separación de los sexos en sus lugares de trabajo. Pero en el Líbano y Turquía los que están en contra son el 80% y el 90%.
Al pedirles que expresen su opinión sobre Hamas, Hezbollah, y al-Qaeda, en Egipto se manifiestan a favor de Hamas el 49%, de Hezbollah el 30% y de al-Qaeda el 20%.
Sobre estos juicios influye en parte que sean sunitas o chiítas. Los egipcios son sunitas, como lo es Hamas, mientras que Hezbollah es chiíta.
En todo caso, en Egipto, desde hace algunos años disminuyen los que están a favor de Hezbollah. En el año 2007 eran el 56%, en el 2008 el 54%, en el 2009 el 43% y en el 2010 el 30%.
Por el contrario, están aumentando, pese a ser minoritarios, los que están a favor de los terroristas suicidas. En Egipto, los que los justifican son hoy el 20%, mientras que en el 2009 eran el 15%.
Volviendo a la pena de muerte para quien abandona el Islam, invocada por el 84% de los egipcios, se señala que los que la quieren son hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, instruidos y no, sin distinción.
En Jordania, el porcentaje de los que están a favor de la condena de muerte para los apóstatas son directamente el 86%. Sólo en el Líbano y en Turquía son pocos los que están a favor, el 6% y el 5% respectivamente.



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sábado, 15 de enero de 2011

¿Seremos capaces de reaccionar?

Acabo de leer, creo que con un día de retraso, la noticia que transcribo a continuación según la publica Zenit.
No hace falta decir que me ha dejado atónito, aunque, pasado el impacto inicial, he ido cayendo en la cuenta de que mi asombro debería quedar matizado por la acumulación de evidencias que deberían ir haciéndome y haciéndonos comprender que esas voces que hace no tanto nos parecían exageradas, eran en realidad proféticas cuando nos advertían de que en Europa (¿y aún más en España?) teníamos el enemigo en casa, que le habíamos ofrecido la habitación de honor, y que habíamos terminado yendo a la cama con él:

“Gritos de ira contra una Europa que niega sus raícescristianas”, titula Radio Vaticano al hacerse eco de las protestas de diversas personalidades que denuncian “la desaparición de las fiestas cristianas de la agenda realizada por la Comisión Europea destinada a los alumnos de la Unión Europea”.

Radio Vaticano precisa que se han difundido más de tres millones de ejemplares de la agenda, que menciona las fiestas musulmanas, hindúes, sikhs y judías, pero ninguna fiesta cristiana, ni siquiera el 25 de diciembre.

Entre las cartas de queja enviadas al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barrosso, se encuentra la que la parlamentaria francesa Christine Boutin, presidente del Partido cristiano demócrata, le dirigió el 23 de diciembre de 2010.

La ex-ministra se pregunta “cómo se puede pretender instruir a los jóvenes sobre la Unión Europea negando una religión que ha contribuido tanto a su construcción y a su unidad”. “¿Cómo es posible una discriminación así?”, se interroga.

Según Boutin, “esta pequeña agenda es reveladora del nuevo pensamiento que nos mina desde el interior: para ingresar, habría que borrar nuestra historia común y nuestros valores fundacionales”.

También apela “a una gran movilización a través de una petición europea que permita llegar al Parlamento Europeo”.

En Francia, precisa la misma fuente, el ministro encargado de los Asuntos europeos, Laurent Wauquiez, quiso elevar “un grito de ira”.

Esta iniciativa, dijo, “es representativa de una Europa que ya no ama ni se ama”: “Esta Europa niega sus raíces cristianas y coloca un pañuelo púdico sobre lo que ella es -añadió-. Una identidad rechazada es una identidad que se venga”.

|¿Seremos capaces de reaccionar? ¿Llegaremos a tiempo? Lo confieso: la noticia de marras me ha amargado el fin de semana.

martes, 4 de enero de 2011

¡Cuidado con las piquetas!

Acabo de leer en el diario El País un artículo que me ha impresionado, ahora diré por qué.
Sobre mi lectura de este diario quiero decir que sigo siendo lector suyo, pero de una forma muy distinta a como lo fui los primeros años de su andadura. Entonces lo leía con fruición; encontraba en él, además de buena (casi siempre) información, opinión variada y normalmente respetable, o si se prefiere, solvente.
Empezaron a encendérseme las alarmas cuando me dí cuenta de que la información, y, sobre todo, la opinión religiosa, se enquistaba llamativamente adquiriendo tonos cada vez más agudos de descalificación sistemática y agresiva de lo que podríamos llamar "iglesia oficial", en favor de todo lo que supusiera una crítica inmisericorde de los planteamientos de esa oficialidad o dirigencia eclesial. La desinformación en esta materia, además, era con frecuencia más que llamativa. No tardó en aparecer una fobia anti cristiana con tintes muchas veces grotescos.
Poco a poco me fue quedando claro que desgraciadamente esa deriva sectaria no se reducía al terreno religioso-cristiano, sino que alcanzaba a la práctica totalidad de los temas. Dejé de comprarlo; dejé de leerlo.
Cuando llegó la era internet, al darme cuenta de que por el mismo precio podía leer en pantalla cuantos periódicos me pareciera, volví a encontrarme con aquel País que había abandonado hacía años, y volví a reafirmarme en mi impresión sobre su lamentable sectarismo. Ahora bien, para no caer en el mismo error sectario, y como ya no tenía que pagar ningún peaje para leerlo en forma de pesetas o euros, he conservado la costumbre de darle un rápido vistazo buscando, sobre todo, las páginas de opinión, donde muy de vez en cuando, encuentro algo aceptable. Hoy ha sido uno de esos días.
El título del artículo me ha llamado la atención: "¿Cómo pudimos equivocarnos tanto?". El autor: Oscar Tusquets.
Resulta que este señor, del que, lógicamente, no tenía noticia, es un arquitecto catalán, probablemente de calidad y renombre, que dedica el artículo a manifestar su arrepentimiento (profesional, obviamente) por haber descalificado en su día la magna obra de la Sagrada Familia de Gaudí, a la que consideró entonces inviable, uniéndose -así lo insinúa- al coro de los que entonces preconizaron la paralización definitiva de las obras, o, incluso, su demolición.
Tusquets nos dice ahora que cualquiera de esas soluciones, de haberse adoptado, habría sido catastrófica porque nos habría privado de una obra arquitectónica inconmensurable, a la que llega a calificar como el mejor monumento religioso, por lo menos, de los tres últimos siglos.
Todas las consideraciones técnicas y las valoraciones arquitectónicas que va haciendo, son de interés incluso para los profanos, pero lo que a mí más me interesa es lo que podríamos llamar el "lado antropológico" de su reflexión, es decir, el valor y la advertencia que encierra esta confesión arrepentida que se expresa algo patéticamente ya en el título: ¿cómo pudimos equivocarnos tanto?
Como quiera que la declaración proviene de un arquitecto "progresista", que, en su día, consideró la obra de Gaudí como inviable, no me digan que no resulta lógico (o, por lo menos, tentador) hacerse idénticas preguntas sobre otros muchos campos en los que unos criterios apresurados y unas valoraciones desequilibradas dictaminaron en su día la inviabilidad de construcciones señeras, sobre todo, en el terreno educativo, social y político, y sobre las que cayó inexorable la piqueta destructiva en nombre de los nuevos tiempos o de las exigencias del progreso.
Ellas, sin embargo, no tuvieron la suerte del edificio de Gaudí, al que, como nos cuenta Tusquets, salvaron otras mentes clarividentes que, con una visión auténticamente "progresista", es decir, de futuro, tuvieron que arrostrar la crítica implacable de los que entonces estaban a la última. Por tanto (creo yo), ¡mucho ojo con las piquetas en todos los campos de la vida!

martes, 21 de diciembre de 2010

El endiosamiento de los necios

Por si no fuera suficiente con los interminables seis años de una gestión política catastrófica que en un macabro "crescendo" nos ha ido llevando al borde del abismo integral, ahora el presidente Rodríguez Zapatero se dispone a obsequiarnos con la incógnita o el misterio de su decisión sobre su propio futuro.
Por lo visto, ha confiado a sus fans que ya ha tomado una decisión de la que ha hecho partícipes en exclusiva a su esposa (curiosa concesión a la familia tradicional), y a un militante del partido, al que indudablemente debe considerar como una versión -por supuesto ultra-laica- del discípulo amado del evangelio de san Juan (con mil perdones para ese inconmensurable evangelio y para su autor, dizque llamado Juan).
Cuando en los tiempos de la dictadura de los cuarenta años soñábamos con el advenimiento de la democracia, nos imaginábamos que los dirigentes políticos de esa nueva era se caracterizarían, entre otras cosas, por no parecerse en nada a los que entonces padecíamos, sobre todo en una cosa: en la carencia de ínfulas, y en la normalidad democrática en su relación con la ostentación y el ejercicio del poder.
Pensábamos, en nuestra ingenuidad, que llegada por fin la libertad, los políticos aceptarían de buen grado una relación no-sacral con el poder, lo que les haría abandonarlo con toda naturalidad, bien como consecuencia de una derrota electoral, bien como decisión propia basada en razones personales más o menos acertadas y/o convincentes.
ZP acaba de desmentir estas apreciaciones, y nos ha sacado -como ya hicieron otros, es verdad- de ese romántico sueño.
Ahora tendremos que soportar ríos de tinta dedicados a hacer todo tipo de cábalas sobre la decisión del señor de los talantes; entraremos todos a su trapo. Es una pena.
Por mi parte, prometo aliviar cualquier brote de ansiedad que me pueda sobrevenir, con la repetición silenciosa y perseverante de este mantra: "que se vaya, que se vaya de una p. vez". Y es que confieso que soy un monoteísta convencido: ¿dioses y diosecillos? No, gracias. Sólo los necios terminan creyéndose que han alcanzado la divinidad, por lo que no es infrecuente que acaben queriéndose quitar de encima al Dios verdadero. Como dice el salmista:"Piensa el necio en su interior: 'no hay Dios'. Pues eso.

La obsesión de Benedicto XVI por lo esencial

Todos los años por estas fechas los papas tienen la costumbre de mantener un encuentro con la Curia para intercambiar la felicitación de Navidad. En el "marco incomparable" (según el gracioso tópico redaccional) de una de las solemnes salas vaticanas, o, incluso, de la Sixistina, el Papa dirige un discurso a los miembros del pleno de su equipo de gobierno en el que pasa revista a los principales acontecimientos del año a punto de terminar, deslizando casi siempre consideraciones de fondo que no pasan desapercibidas a los informadores.
Por ejemplo, el año 2005, en la que fue su primera felicitación navideña, BXVI, aprovechó esta circunstancia para pronunciar un discurso absolutamente fundamental para comprender una de las lineas de fondo de su comprensión de la Iglesia contemporánea heredera de un concilio, el Vaticano II, de cuya interpretación sigue dependiendo todo el desarrollo teórico y práctico (pastoral) de la iglesia católica en el presente siglo. De obligada lectura y re-lectura...
Ayer, el papa compareció una vez más ante su curia y les felicitó esta Navidad brindándoles unas consideraciones de fondo que me han vuelto a impresionar porque ponen de relieve el verdadero perfil de este hombre, tantas veces distorsionado por muchos medios de comunicación que siguen sin querer -o, más probablemente, sin poder- entender su profundidad espiritual y sus puntos de referencia básicos.
En este discurso al que me refiero, vuelve a poner de manifiesto la magnitud de la herida que ha infligido a todo el cuerpo eclesial el asunto de la pederastia. Leyendo sus consideraciones, se capta perfectamente que BXVI no hace teatro o da lectura a un guión escrito por algún funcionario cuando asume y reconoce abrumado hasta qué punto ha quedado ensuciada toda la iglesia y comprometido su testimonio por el "pecado" de algunos sus miembros más cualificados.
He subrayado deliberadamente la palabra pecado porque es precisamente el nivel religioso o teológico que esta palabra evoca el que permite al papa-teólogo situar correctamente su meditación. Una meditación que quiere siempre ir a lo esencial: Dios y la relación del hombre con su misterio.
Precisamente por situarse en ese nivel de profundidad, los diagnósticos y las "soluciones" que Ratzinger sugiere rebasan con creces las superficiales proclamas de los que exigen simplemente sanciones ejemplares (nunca excluidas, desde luego, de acuerdo con las leyes), o reformas estructurales de las que dependería la solución de un problema moral que es -reconozcámoslo- algo más que un problema: un enigma, un misterio; el mysterium iniquitatis que nos remite inexorablemente a la pregunta por el ocultamiento de Dios en nuestra sociedad, y previamente a ello, por las condiciones sociales y filosóficas que lo hacen posible o, tal vez incluso, para muchos, hasta deseable.
He querido destacar este aspecto de la última reflexión navideña del Papa, porque creo que nos permite captar una vez más hasta qué punto este hombre tiene la "obsesión" de lo esencial, con lo que, día tras día, le está diciendo a la iglesia a la que él sirve, de qué debe realmente preocuparse si quiere ser, como afirmó el Vaticano II, una iglesia "reformata et semper reformanda", es decir: reformada y siempre en estado de reforma a la luz del evangelio. ¿Será por eso por lo que el papa Ratzinger gusta tan poco, e incluso irrita, a los maestros del simplismo y a los visionarios de las "revoluciones pendientes"?

viernes, 26 de noviembre de 2010

Peter Seewald: el servicio impagable de un gran periodista

He empezado a leer el libro-entrevista al papa BXVI debido al trabajo del periodista alemán Peter Seewald. El libro estuvo en las librerías el miércoles, y como tenía que comprar un recambio en El Corte Inglés, aproveché esa hora en teoría menos agobiada de las 4 p.m. para adquirirlo en la librería. Según me dijo el vendedor, me llevaba el último. Buena señal. Es de desear que tenga éxito; gusten o no las respuestas del papa, al menos una cosa es cierta: no dice ni una tontería. Dadas las circunstancias que padecemos, esto es una bendición del cielo.
Quiero comentar algo del periodista Seewald del que nadie se acuerda estos días en la prensa, muy ocupados los comentaristas en dar vueltas y vueltas a una frase sobre el preservativo que, a su indocto parecer, sería lo más importante de las doscientas y pico páginas del libro, y constituiría una auténtica revolución. Ambas apreciaciones son, en mi opinión, rotundamente falsas, pero parece que tendremos que aceptar que en la era de las comunicaciones nuestro sino tenga que ser el no podernos fiar de los comunicadores profesionales.
Seewald ha manifestado su desolación por lo que acabo de decir, y no es para menos. Se comprende que para un periodista de largo recorrido como es él (ha trabajado en el Spiegel, el Bild, y el Süddeutschen Zeitung, y este de ahora es el tercer libro-entrevista con Ratzinger), contemplar cómo sus colegas de profesión se entregan a un ejercicio de reduccionismo frívolo y facilón, debe ser una fuente de tristeza y hasta desánimo profesional.
Me ha llamado la atención conocer de su biografía el detalle significativo de su pasado izquierdista (marxista, como es natural) y de su salida de la Iglesia a la que abandonó por razones ideológicas por los años 68. Posteriormente recuperaría la fe y descubriría, según propia confesión, que los ideales de su juventud se realizaban mil veces mejor dentro del cristianismo; está convencido, a este respecto, de que la radicalidad del evangelio y la calidad de sus respuestas dejan en una posición prácticamente irrelevante las pretensiones revolucionarias de esas funestas ideologías que tanto daño han hecho a la humanidad y que todavía colean ofreciendo más de lo mismo, aunque ahora con un mayor disimulo. Estoy de acuerdo con su apreciación.
Confiesa que su decisión de entrevistar, ahora al papa, antes al cardenal Ratzinger, nace de la necesidad, por una parte, de reivindicar su figura intelectual y religiosa burdamente caricaturizada por unos medios de comunicación sumidos en el tópico y la ignorancia religiosa, y por otra, de ponerse al habla y escuchar a un pensador, que además es pastor de la iglesia católica, y de cuyo pensamiento, siempre expresado con humildad y afabilidad, emana una luminosidad que resulta reconfortante en medio de la espesa niebla que está envolviendo a nuestro occidente.
En Ratzinger, pues, antes y después de ser papa, ha buscado ayuda para responder a esas grandes preguntas que siguen en pie por más que nuestra sociedad se empeñe en que permanezcan aparcadas sobre todo en el mundo de la juventud: ¿a dónde va nuestro mundo? ¿qué podemos esperar? ¿cómo hacer posible que la oferta de la sabiduría cristiana llegue a nuestros hermanos y conciudadanos?
En el papa, asegura, siempre ha encontrado no sólo a un gran intelectual, sino a un verdadero maestro espiritual que jamás ha eludido o "censurado" una sola pregunta de las planteadas con total libertad por él.
Reconoce, sin embargo, que la visión del mundo y de la historia de BXVI es más optimista que la suya. El papa es un hombre que, sin perder un ápice de la lucidez y el espíritu crítico propios de su talla intelectual, vive sumergido en las aguas de la esperanza cristiana; una esperanza que habría que decir parafraseando a san Pablo, es locura para unos y necedad para otros.