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jueves, 1 de julio de 2010

Curia Romana: sigue la reforma al estilo "benedictino"

Entre ayer y hoy se han producido en la Curia Romana una serie de cambios fruto de otros tantos nombramientos del Papa. Es evidente que la Curia -que no es la Iglesia ni lo más importante de ella-tiene una considerable importancia para que los católicos seamos "bien gobernados". Este lenguaje suele crear estupor en algunos puristas que parecen creer que la Iglesia es un ente etéreo, espiritual y casi extraterrestre que debería estar por encima de las bajezas que suponen los cargos y los nombramientos.
Curiosamente, voy viendo que esta visión tan poco realista y, en definitiva, tan angelista o angelical, la suelen compartir católicos de izquierda y de derecha, por utilizar el lenguaje al uso. Es verdad que luego, a la hora de la verdad, ambas tendencias extremas suelen estar obsesionadas por el acontecer de los nombramientos en cualquier nivel de la vida eclesial. Curiosa contradicción.
Pues bien, efectivamente los nombramientos de altos cargos acontecidos ayer y hoy son de extrema importancia. Me fijaré en el que va a ser nuevo responsables de las relaciones ecuménicas y con el judaísmo, Mons. Kurt Koch que llega a su nueva responsabilidad desde la diócesis de Basel (Suiza) donde ha sido obispo durante quince años más o menos.
Ya se han puesto en guardia contra él los inmovilistas sugiriendo antecedentes "progresistas" en el recién nombrado. Por lo visto, se refieren a que Mons. Koch en su día se mostró elogioso con el teólogo Hans Küng; ahora bien, tengo la impresión de que estos mismos se consuelan diciendo que el susodicho "parece" haber derivado a posiciones más conservadoras. De manera que, como vemos, el discurso de estos señores alcanza cotas de profundidad que nada tienen que envidiar a la de sus colegas del extremo contrario: para ambas tendencias la iglesia se divide en progres y carcas, siendo los buenos unos y los malos otros, dependiendo naturalmente de la respectiva alineación.
El obispo Koch ha realizado ya algunas declaraciones en una línea que me ha gustado mucho por ir al fondo de los asuntos y por dejar claro que esto del ecumenismo y de las relaciones con el judaísmo no es un juego coyuntural, un entretenimiento, o un brindis para la galería, sino un quehacer que nace de la entraña misma de la Iglesia; una consecuencia práctica, diríamos, operativa de lo que es su esencia.
Ofrezco algún pequeño apunte que he podido encontrar; no hace falta que diga que estoy plenamente de acuerdo con lo que afirma Koch. Aprecio especialmente de sus palabras el diagnóstico que hace sobre las intenciones últimas de BXVI que, de ser correcto, definiría mucho mejor que las simplezas de unos y otros la verdadera orientación de fondo de este pontificado:

“La acusación de que el Papa Benedicto quiere volver atrás respecto al Concilio Vaticano II está hoy difundida entre el público, por ignorancia o por una consciente intención de algunos teólogos que deberían saber cuál es la verdadera realidad, pero dicen en voz alta lo contrario. Estas acusaciones son una grave equivocación”. El obispo suizo explicó que el Papa no quiere de ninguna manera volver hacia atrás sino que busca hacer avanzar a la Iglesia en profundidad: no se trata de reformas individuales sino de que el centro de la fe y de la Iglesia pueda salir a la luz. El Pontífice “impulsa una nueva «reformatio» de la Iglesia desde dentro” y “esta preocupación del Papa debería ser también la de todos nosotros”.


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