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domingo, 9 de diciembre de 2012

MASONES Y SOMBREROS

Entre los blogs que sigo habitualmente -probablemente demasiados, porque hay algo de vicio o adicción en esto de la lectura de blogs- hay uno que nunca dejo de leer, y eso que su autor lo actualiza cada día. Es el Blog del Padre Fortea, alojado en la página de Religión Digital.
El autor es un sacerdote de la diócesis de Alcalá de Henares, exorcista, estudioso y gran experto en demonología (tratado sobre el o los demonios), saber que, como puede fácilmente comprenderse, tiene capacidad de fascinar a muchos y de suscitar el escepticismo, cuando no el desdén, de no pocos.
El padre Fortea, por su especialidad, digamos, académica, y por su singular personalidad, es invitado con relativa frecuencia a programas radiofónicos o de de TV en los que se plantean estas cuestiones que, como digo, atraen, tanto como repelen, a muchos ciudadanos.
No le conozco personalmente, pero tengo ganas de hacerlo y ya he dado algunos pasos para ello, concretamente le he escrito electrónicamente, comentándole algún lazo que nos une. Efectivamente, él es de Barbastro, ciudad a la que estoy vinculado por razones familiares. De modo que tengo pendiente un encuentro con él, lo que me apetece no poco.
Su blog me resulta francamente interesante. Yo diría que, con rasgos algo surrealistas, ofrece una mirada sobre la vida, entre divertida, irónica, socarrona y, a veces, hasta casi apocalíptica. Refleja una personalidad nada vulgar y una independencia de criterio muy de agradecer en estos tiempos de dictaduras progres y pensamientos únicos.
La entrada de hoy me ha llamado la atención especialmente, tanto por el tema como por su forma de abordarlo, que pone de relieve alguno de esos rasgos que acabo de sugerir como característicos de su personalidad.
No será la última vez que comparta con mis lectores alguna reflexión del padre Fortea. Me estreno transmitiendo la que ha colgado hoy:


"Me preguntaba un masón, desde Estados Unidos, hace pocos días, si podía seguir siendo masón y católico.
Le contesté que no. El mensaje del Evangelio es el mensaje del buen y sencillo Jesús contando parábolas a los pobres agricultores y pastores. A los seres humanos les encantan las historias con arcanos y partes secretas. La típica historia con complot, tipo Código Da Vinci. Por el contrario, nuestra fe en el Hijo del Carpintero es la misma para todos, sea uno pescador en Galilea o comerciante de caravanas en Petra. El Papa no es conocedor de una parte secreta de la fe. La Teología es una ciencia abierta para todos.
Por otra parte, la masonería nació con el deseo de sustituir a la Iglesia. Ya en el siglo XVIII la Iglesia les parecía antigua a los modernos de esa época que iban de ilustrados-listillos por la vida. Por qué seguir con la bellísima liturgia eclesiástica, cuando podemos pasar el rato entretenidos con unos ritos inventados con unos delantales y tal. Las logias comenzaron, además, a construir su propia historia. Una de esas invenciones era que ellos son los descendientes de los constructores de las catedrales. Aunque, evidentemente, no hay nada que les conecte a los masones con los antiguos constructores, salvo el deseo.
Después los masones hablan de que custodian una sabiduría secreta. Pero esa sabiduría secreta, al final, es un conjunto de generalidades que se resumen en que un buen masón ayuda al género humano, un buen masón busca la paz, un buen masón tal y cual.
Pero lo peor de todo, lo inmensamente peor de todo, son la variedad de ridículos sombreros que algunas logias de Estados Unidos obligan a colocar a sus miembros. Viendo algunos de esos sombreros, supe, al momento, que allí no estaba la verdad".




 

EL EMBRUJO DEL ADVIENTO (2)


"En el Adviento esperamos una venida, acariciamos también una presencia, y nos inquietamos ante lo que podría parecer un gélido vacío. El Adviento es un tiempo fuerte que nos quiere hacer fuertes avivando en nosotros la ilusión de la promesa.

Este tiempo tan hermoso, humilde y elegante al mismo tiempo, tiene su propia fisonomía en la liturgia de la Iglesia y en el contenido espiritual que expresa cada día -sobre todo, cada domingo– la Palabra proclamada. Veamos:

Al Adviento le sienta bien el color morado: ni triste ni sombrío, simplemente sobrio y comedido; la esperanza requiere atención y vigilancia, no casa con explosiones de color que podrían desembocar en banales distracciones. Quiere el Adviento más a las plantas de señorial hoja verde que a esas exuberantes flores ebrias de color y de olor. Aprendamos de su pedagogía".



EL EMBRUJO DEL ADVIENTO

Nuestra sociedad celebra, cada año con ribetes más disparatados, la fiesta de Navidad. No tenemos costumbre, sin embargo, de celebrar, al menos con signos sociales externos, el tiempo que la prepara y que las iglesias cristianas llaman Adviento. Se opera entre nosotros, por tanto, una especie de solapamiento hacia atrás, con rasgos claramente invasores, de la Navidad que en el mundo del comercio alcanza cotas casi esperpénticas pues pretende que adoptemos el ´"espíritu navideño" haciendo nuestras compras en cuanto termina octubre.
Sin embargo, el tiempo de Adviento es particularmente hermoso. Me atrevería a decir, precisamente por ese ninguneo que sufre gracias a la distorsión a que le somete una navidad pésimamente entendida, que, en su humildad, puede convertirse en un tiempo -cuatro semanas nada más- contra-cultural, políticamente incorrecto, provocativo.
He escrito unas sencillas reflexiones sobre él que iré compartiendo con los lectores del blog en estas semanas.
He aquí la primera:


El embrujo del Adviento (1)
"Para gustar del Adviento tenemos que permitir que nuestros sentidos entren en armonía con todo lo que acontece en esta estación del año: el verano queda ya muy lejos; casi nadie recuerda sus calores, ni su ambiente relajado e informal. No. Ahora empezamos a sentir frío, incómodo pero tonificante, y con una cierta melancolía nos resignamos a ver cómo oscurece antes -y oscurece mucho-, cómo caen a sus anchas las hojas como si quisieran desnudarnos… Estamos en otoño: el mundo se nos va muriendo, y parecen apagarse esa vida y esa fuerza que nos anunció espléndida la primavera.

Pues bien, en medio de ese otoño agridulce, precursor de un invierno aún más destemplado, los cristianos somos convocados a la vigilia y a la preparación de la gran fiesta del Sol naciente. El Adviento es, ante todo, tiempo de espera y de esperanza. Negación de lo decadente, descubrimiento de una vida que surge misteriosamente desde el fondo de aquello que a primera vista es fracaso y muerte".


martes, 4 de diciembre de 2012

PARA NO REPETIR ERRORES

En el contexto de un artículo en el que Mónica Mullor analiza en Libertad Digital las perspectivas de una posible elección de Michelle Bachelet para la presidencia de Chile, encuentro un análisis-descripción de la gestión de Zapatero y sus consecuencias para la actual situación de España, que me parece de una lucidez y exactitud irrefutables. Me animo, por ello, a compartirlo con los lectores de este blog. Conocer el orígen de los males que nos afectan, es imprescindible para orientar su posible solución por vía, al menos, de evitar incurrir de nuevo en torpezas indeseables que, como se ve, no cursan sin consecuencias.

"El contagioso optimismo de los chilenos se desvaneció rápidamente cuando me reencontré con la desesperanza que agobia cada día más a los españoles. El desempleo no para de crecer y ya supera los 5,8 millones; el 52% de los jóvenes no tiene trabajo, 1,7 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro. No sin razón, en lo que va de año en Madrid se han celebrado ya más de 3.000 manifestaciones, autorizadas o no.
Este es el resultado de los años locos de España, de cuando estuvo gobernada por un colega socialista de Michelle Bachelet. ¿Lo recuerdan? Su nombre es José Luis Rodríguez Zapatero, que tiró la casa por la ventana e hizo que se olvidase la relación existente entre deberes y derechos, entre esfuerzo y resultado. Su política de promesas a destajo, de ofrecer múltiples derechos a la ciudadanía, como si fueran maná caído del cielo, hizo que España llegara a la situación en que está ahora: endeudada, embargada y desacreditada.
En tiempos de bonanza económica, el colega de Bachelet permitió que en España se inflaran muchas burbujas, empezando por la crediticia y la inmobiliaria, que a su vez condujeron a una burbuja política, sustentada en la acumulación de ingresos tributarios de todo tipo.
Los tiempos del despilfarro y del todo gratis de Zapatero dieron también lugar a la burbuja sanitaria. Todos los partidos políticos (sin excepción) coreaban al unísono que la sanidad pública sería siempre universal y gratuita, lo que condujo a un uso irresponsable de los recursos sanitarios. En el plano educativo, hace ya mucho que España optó por la vía populista argentina: universidad para todos y gratuita. Se apostó por la cantidad y no por la calidad, lo que llevó a la masificación de la educación superior, que abrió sus puertas a estudiantes poco preparados. Y así continúa hasta hoy la universidad española, navegando en un mar de mediocridad institucionalizada. Por eso no es de extrañar que España no tenga una sola universidad entre las 150 mejores del mundo. En el ámbito de las infraestructuras, los políticos (con dinero de los fondos europeos) invirtieron miles de millones de euros en la construcción de aeropuertos sin viajeros, autopistas sin automóviles, palacios de congresos sin congresos, tranvías y trenes de alta velocidad sin pasajeros.
Fueron los años del populismo desenfrenado del Estado de Bienestar, de la generosidad irresponsable del Estado y la inflación de derechos. Su efecto más dañino fue una concepción falsa del progreso como algo conquistado de una vez y para siempre. Todo era un engaño: los tan mentados derechos no estaban pensados para momentos de verdadera necesidad, cuando muchos pierden su empleo y caen en la indefensión. Solo podían pagarse en situaciones de bonanza económica, no en tiempos como los que vive España desde hace ya cuatro años.
Resumiendo: el socialista Rodríguez Zapatero embaucó a los españoles, y ahora a España no le queda más que mendigar el dinero que precisa.
Nadie sabe lo que Bachelet se propone realmente, pero los ávidos de derechos y los beneficiarios del clientelismo ya están golpeando la puerta. Su juego de diva ausente a lo Garbo le está resultando de maravilla, y tal vez le sirva para ser elegida. Pero tendrá un problema. Un día deberá también gobernar y aguantar el chaparrón de las ilusiones frustradas, especialmente entre el izquierdismo más militante, que ha crecido alentado por el izquierdismo moderado de la Concertación, deseoso de hacer ingobernable el país para que crezca la nostalgia por Mamá Michelle.
La crisis de los países del sur de Europa, en especial la española, es una advertencia para Chile y los chilenos, un llamado a que no se dejen embaucar por argumentos populistas sobre las supuestas maravillas de los Estados de Bienestar".

lunes, 3 de diciembre de 2012

OPINIONES -¿INESPERADAS?- QUE DAN QUE PENSAR

Hace varios meses tuve noticia de la publicación de un libro cuyo título me pareció muy ingenioso y sugerente: "No es bueno que Dios esté solo". Lo compré y lo leí casi de un tirón. Se trata de una serie de entrevistas a personas de muy diverso origen, profesión y sensibilidad, a las que el autor, con llamativa naturalidad, plantea con todo respeto pero sin ningún complejo, el tema de Dios, permitiendo decir a cada uno, con absoluta libertad, lo que piensa y siente sobre la cuestión.
Me enteré de que Gonzalo Altozano -ese es el nombre del autor- tiene ahora en Intereconomía, una vez por semana, un programa con el mismo título del libro en el que sigue haciendo lo mismo que en el libro: hablar con sus invitados del tema de Dios, la trascendencia, el sentido de la vida, etc. Lamentablemente, por cuestiones de horario, todavía no he podido asomarme al programa, pero hoy me he topado en la página web Religión en Libertad con la transcripción de algunos fragmentos de la conversación que mantuvo hace poco con Albert Boadella que he leído con enorme interés: por lo que dice, y por quién lo dice.
Me complace compartir con los lectores de este blog algunos pensamientos del gran actor que es Boadella al que no es posible negar originalidad y valentía en sus tomas de posición, llenas de talento, libertad y capacidad de provocación intelectual.
Aunque no necesariamente se compartan todas sus apreciaciones, no se puede negar que dan que pensar y que ayudan a no dejarse atrapar por la dictadura del pensamiento dominante de lo "políticamente correcto":




"Desde niño me acostumbré a rezar cada noche un padrenuestro en latín y no lo he abandonado". Y lo de "en latín" no es casual: "Cuando vi la evolución de los rituales de la Iglesia en los años 70, yo me escandalizaba y tuve necesidad de satirizar y parodiar, sobre todo, la forma, que se había querido entroncar con ciertas formas político-sociales".

…Sobre si marca la casilla de la X, un sí implícito: "A mí no se me ocurre ponerla en las ONG y estas cosas. Sin menospreciarlas, la Iglesia es mucho más seria. Cáritas se ha demostrado muy sólida. Yo, ante las religiones laicas, estoy con la única y verdadera, como se decía" (risas). 

"Las religiones laicas me dan pavor", son muy peligrosas. Las conocimos con una ferocidad increíble, como fueron el nazismo y el comunismo. Y las religiones progres, como el medio ambiente, se toman como una militancia religiosa. Me parece peligroso porque son una inducción al fanatismo".

…Sobre aquello que más le concierne como artista, y antes de una expresiva defensa del "sentimiento y el deseo de lo trascendente" que late en la Semana Santa de Sevilla e "induce a la fe", expresó un pensamiento muy próximo al de Benedicto XVI sobre la evangelización a través de la belleza: "La Iglesia tiene que acudir al arte, porque el arte ha sido una forma de transmisión de lo intangible. De la Capilla Sixtina a las misas de Palestrina o Juan Sebastián Bach, el arte induce a la sensibilidad de la trascendencia mucho más que el discurso objetivo, científico, teológico. La prueba es que la Iglesia ha utilizado el arte en sus mejores momentos como forma de transmisión. La desaparición de los aspectos más bellos y sensoriales del ritual de transmisión es un batacazo muy duro a eso que se llama la fe y que es algo difícil de captar y de percibir pero que tiene que ver con algo tan poético y extraordinario como la misa que yo había vivido. Con algo muy importante, que era el latín. La desaparición de todo eso me parece enormemente grave".

 "El complejo de la modernidad, que lo ha invadido todo, también la Iglesia, es un camino a la frivolidad. Y eso, una Iglesia que ha tenido a su servicio a Miguel Ángel y a Rafael, y a San Agustín y a Santo Tomás de Aquino trabajando para ella, no lo puede hacer".

Lo mismo respecto a las vestiduras eclesiásticas: "El feligrés está esperando que la relación no sea de tú a tú, que el representante de los misterios divinos se revista de una representación digna e importante".

¿Cree él en Dios? "Creer para mí es difícil. Tengo la sensación de que todo está movido por una enorme Inteligencia, en el sentido más alto del término. El hecho de que todos los hombres en todas las civilizaciones hayan tenido el impulso de creer en Dios ya podría ser un indicio de que ese Ser existe, de que lo llevamos dentro. Pero cuando digo ´Ser´ no sé muy bien a qué me estoy refiriendo. Me cuesta más creer en la Revelación historiada, en el sentido de que Jesucristo es el Hijo de Dios: me cuesta más creerlo, a pesar de que lo practico en el sentido de que rezo mi padrenuestro, y cuando veo a la Virgen de la Macarena o del Baratillo tengo emociones de que debe ser la Virgen. Las sensaciones que yo he tenido con el arte, esa sensación de lo intangible, es lo que más me ha llevado a pensar que hay un mundo que desconozco".



   




sábado, 24 de noviembre de 2012

UN TEMA ESTA VEZ IMPORTANTE

Mucho menos eco que el asunto del buey y la mula ha tenido un asunto, relacionado esta vez con la Iglesia de Inglaterra, cuya importancia objetiva en el campo teológico y, sobre todo, pastoral contrasta con la banalidad de la presencia o ausencia de un par de animales en el portal de Belén. Me refiero al rechazo por parte de la Iglesia Anglicana de la posibilidad de ordenación de mujeres como obispos.
Al margen de comentarios "especializados" que han dedicado algunas lineas al asunto, despachándolo con grandes aplausos cuando el comentarista era, digamos, del ala conservadora, y con mal disimulado disgusto, cuando la tendencia era de signo contrario, solo he encontrado una referencia de calidad en un artículo publicado en Libertad Digital, firmado por Cristina Losada.
Casi siempre me suele gustar lo que escribe Losada, pero esta vez me ha sorprendido muy favorablemente con un tratamiento del asunto que revela capacidad de penetrar en los pliegues decisivos de los aconteceres que afectan, a veces más de lo que pudiera parecer, a la marcha de la vida y de la cultura en general.
Creo que el mencionado artículo merece conocerse; por eso me permito transcribirlo íntegramente para conocimiento de los lectores de este reanudado blog:


"El rechazo de la Iglesia de Inglaterra a la ordenación de mujeres como obispas ha cursado, en general, como un "varapalo" a la mujer. Así lo ven quienes dentro de la iglesia anglicana eran partidarios de aprobarla. Para ellos, se trataba de llevar al seno de su iglesia la igualdad de sexos, y de forma plena, puesto que en 1992 se aprobó el acceso de las mujeres al sacerdocio y ahora éstas constituyen una parte importante del clero. Si ya podían ser sacerdotes, lo coherente, se diría, es que también pudieran ser obispas. Los contrarios consideraban, en cambio, que aquella decisión había sido un error y que no convenía apilar un error sobre otro. El debate sobre este asunto se ha desarrollado allí durante años con argumentos sociales, políticos y teológicos. Yo no dudo de su profundidad, pero, a riesgo de simplificar, diré que los anglicanos secularizan el sacerdocio: lo sitúan en el mismo rango que cualquier otra profesión, por lo que también, cómo no, ésta ha de abrir sus puertas a la mujer. Igual que lo han hecho las restantes. Luego vendrán las cuotas.
El caso de las obispas se enmarca en otro debate, quizá menos llamativo, pero que ocupa a las iglesias desde que se hizo patente el desafío que les planteaba la secularización, que semejaba un ingrediente intrínseco de la modernidad. ¿Debían mantenerseaferradas a la tradición o tenían que adaptarse al espíritu moderno, incluso por razones de supervivencia? Y si era un "renovarse o morir", ¿cuáles eran los límites, si había alguno, a la hora de despojar a las iglesias de sus contenidos y símbolos tradicionales? Para los que suelen etiquetarse como renovadores o progresistas, la pérdida de sintonía con las formas de pensar y vivir dominantes sólo podía conducir a un mayor alejamiento de la sociedad respecto de la iglesia. Era el temor que expresaba el arzobispo de Canterbury saliente, Rowan Williams, al lamentar la negativa a ordenar obispas:
La Iglesia de Inglaterra será un poco más irrelevante después de esto.
Frente a esa corriente, otros han señalado que los esfuerzos por lograr que las iglesias sean más relevantes para la sociedad moderna no hacen sino agravar la recesión religiosa. Las iglesias, sostienen, dan respuestas a las cuestiones más profundas sobre la condición humana y no han de identificarse plenamente con ningún contexto sociocultural. No que deban darle la espalda, pero sí mantener la distancia. Desde mi perspectiva de agnóstica, pienso que tienen razón quienes advierten mayor peligro para las iglesias en el amoldarse a los patrones de la secularización. Además, la tradición, a la que las iglesias nunca podrían renunciar por completo, sobrevive malamente una vez que se resquebraja. Como decía Wittgenstein, intentar salvar unas tradiciones dañadas es como tratar de reparar una tela de araña rota con las manos". 
Y este es el comentario que yo mismo aporté al artículo en el foro correspondiente de LD:
"...los anglicanos secularizan el sacerdocio: lo sitúan en el mismo rango que cualquier otra profesión, por lo que también, cómo no, ésta ha de abrir sus puertas a la mujer".
A mi juicio, este es el fondo de la cuestión que ha captado y expresado C. Losada con enorme lucidez. El sacerdocio ministerial, o el ministerio sacerdotal, no es una profesión, por lo que la argumentación igualitarista, procedente de la Ilustración y llevada a un paroxismo a veces histérico por el feminismo radical, está de más.
Todas las mujeres bautizadas son radicalmente sacerdotes, en absoluta igualdad con los varones, en virtud del bautismo. La conveniencia o no de que puedan acceder también al ejercicio del sacerdocio ministerial, después de 2000 años de tradición en sentido contrario, habrá que argumentarla desde otras consideraciones, tanto teológicas como pastorales.
Hay que ser honestos: hasta el momento, los "resultados" pastorales del sacerdocio femenino, son nulos.
Tal vez algún día me anime a desarrollar con más amplitud lo que aquí digo tan sintéticamente.

EL BUEY Y LA MULA: UNA ARROGANTE SUPERFICIALIDAD

Nunca hubiera imaginado que el estímulo para reanudar mis entradas en este modesto y descuidadísimo blog, me fuera a venir, nada menos, que de una publicación firmada por J. Ratzinger-Benedicto XVI. Pero confieso que los comentarios que ha suscitado la referencia al buey y la mula del portal de Belén en su libro sobre los relatos evangélicos de la infancia de Jesús, han podido con mi imperdonable (e imperdonada por no pocos amigos) pereza para escribir.
El asunto es muy sencillo: las narraciones que nos ofrecen los evangelistas Mateo y Lucas sobre el nacimiento de Jesús, son de una belleza tal, que de no existir, habría que inventarlos. No obstante, esa singular belleza va unida enigmáticamente a una mortificante sobriedad literaria, lo cual puede resultar paradójico y hasta contradictorio si se quiere, pero es así.
Nada tiene de particular, siendo así las cosas, que la recepción posterior de estos relatos haya encontrado en lectores con imaginación, una invitación al complemento y la ampliación por vía de  fabricación de leyendas con capacidad de adornar y embellecer, todavía más, los escritos originales.
Nadie ha podido leer nunca en los evangelios de la infancia de Jesús ninguna referencia a esos célebres animales de que hablamos, sin los que -justo es reconocerlo- nuestros nacimientos perderían no poca gracia. Como nadie puede, con los textos en la mano, afirmar que los de Oriente son reyes, ni que uno de ellos era negro, otro rubio y otro más o menos albino. Y nadie puede hacerlo, por la sencilla razón de que esos elementos están ausentes en los textos.
Pues bien, el Papa, al escribir su documentado y profundo libro, no hace sino constatar la realidad textual que comenta, sin entrar a valorar -ni mucho menos a pretender abolir- los elementos legendarios que la literatura apócrifa y la imaginación popular han añadido con posterioridad para paliar la sorprendente sobriedad de los textos originales.
Pues  he aquí que, publicado el papal libro en castellano, a penas transcurridas unas horas, la maquinaria mediática se pone en marcha para pregonar a los cuatro vientos que el Papa "se carga" al buey y la mula -dos por el precio de uno- en su nuevo libro sobre Jesús.
¿Hasta cuándo, me pregunto, tendremos que aguantar en esta España nuestra la acumulación de ignorancia y superficialidad en los que tienen el control diario de los medios de comunicación? ¿Es que no es posible que radios y televisiones, periódicos y revistas, tengan en plantilla por lo menos a un profesional que sepa de qué habla cuando de noticias "religiosas" se trate? ¿Y qué decir -prefiero no dar nombres- de relevantes plumas o voces que se han lanzado a disparatar sobre este asunto con tanto dogmatismo como estupidez?
Cabría tomarlo con humor, pero no es fácil. El analfabetismo religioso (la Biblia sigue sin leerse mayoritariamente en España, no nos engañemos) va de la mano de una arrogante superficialidad que, en su conjunción, forman un cóctel de no desdeñable peligrosidad cultural, y tal vez, no solo cultural.

domingo, 15 de enero de 2012

MANIPULA QUE ALGO QUEDA...

Veo con cierta pena -porque ello me acusa con difícil defensa de perezoso- que no publico ninguna entrada desde el 20 de noviembre. Si no fuera porque no me gustan las promesas, prometería empezar a ser más diligente, recuperando el ritmo que mantuve al principio.
Me ha gustado mucho la última entrada de "La Iglesia en la prensa", blog, o página, de Diego Contreras, más de una vez citado por mí aquí. Esta vez va sobre la manipulación a que someten las palabras del Papa incluso agencias de información teóricamente "serias". Es un poco larga la cita pero creo que merece la pena, sobre todo si nos pone en guardia contra ingenuidades en las que a veces caemos creyendo que la hostilidad contra BXVI es un delirio de católicos con manía persecutoria.

"Pienso que es particularmente significativo que haya sido un columnista de The Guardian quien haya roto la “impunidad” de que gozan algunos medios a la hora de informar sobre Benedicto XVI. El periodista Andrew Brown critica en su blog (traducción española) el modo en que la agencia Reuters presentó el discurso del Papa al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, del pasado 9 de enero. El titulo de la noticia distribuida por la agencia y reproducida en todo el mundo decía: “El matrimonio gay, una amenaza para el futuro de la humanidad: Papa”. Brown repasa el discurso de Benedicto XVI y muestra que esa afirmación no existe; incluso señala otros puntos del discurso que en su opinión merecían un buen titular.
De no haber sido por Brown –que no es católico, no es precisamente cariñoso con el Vaticano y escribe en un medio situado a la izquierda del espectro político- la crítica a Reuters se hubiera interpretado como un simple pataleo católico. Y eso a pesar de que en el mismo texto de Reutersya está cojo, pues no se menciona ninguna frase del discurso del Papa que pueda respaldar la afirmación del titular, lo que a un ojo medianamente crítico manifiesta que se trata de harina del redactor.
Conozco al autor de la noticia y sé que no es un ignorante. Desde mi punto de vista, lo que está ocurriendo desde hace años es que las mismas agencias de noticias (sin duda, Reuters) parecen cada vez más preocupadas por la “confección” de la noticia que por transmitir honestamente lo que ha ocurrido. También ellas quieren “vender”. Están más preocupadas por el “marketing” (entre comillas) que por la noticia. Para ello, se cae en un proceso de hiper-interpretación (hacer decir lo que no se ha dicho), para hacerla más apetecible, siempre en clave de lo políticamente correcto. Eso sí que es una mala noticia, pues la maquinaria de la información necesita de agencias de noticias centradas en la noticia.
Naturalmente, el Papa no está “a favor” del “matrimonio gay”. Pero si hubiera querido decir que es una amenaza para el futuro de la humanidad, simplemente lo hubiera dicho. Es incluso muy probable que lo piense, pero está claro que no consideraba que un discurso al cuerpo diplomático era el momento adecuado para abordar la cuestión. De hecho, el discurso resalta sobre todo la crisis económica y sus implicaciones éticas, aspecto que Reuters simplemente ignora. Se podría concluir, por tanto, que la noticia muestra lo que aReuters le preocupa, no lo que al Papa le preocupa. Es incluso verosímil que estén celebrando el "impacto" conseguido por la noticia, del que esta misma entrada es una modesta manifestación"..

domingo, 20 de noviembre de 2011

Católicos en la vida pública: servidores sin complejos

Se está celebrando en Madrid -tal vez se haya clausurado ya- el XIII Congreso "Católicos y vida pública", una iniciativa de la Universidad San Pablo-Ceu que tengo la impresión ha ido mejorando los últimos años en su planteamiento y realización.
Lo traigo a colación porque veo que una de las intervenciones ha estado a cargo de uno de los miembros fundadores del grupo británico Catholic Voices que se puso en marcha en el Reino Unido con motivo de la visita de Benedicto XVI a aquel país, visita que se auguraba sumamente difícil y conflictiva y que se saldó, al decir de la inmensa mayoría, con un llamativo éxito.
Este grupo de Catholic Voices saltó a la palestra para aportar en los medios de comunicación, sin complejos, sin fanatismos, con solvencia y espíritu constructivo, el punto de vista católico sobre los más variados temas de carácter socio-político-moral, a propósito de los cuales suele reinar la confusión y la distorsión que lleva a atribuir a los católicos (y a la Iglesia, obviamente) los puntos de vista más aberrantes que pueda imaginarse, y lo que es todavía peor, las posiciones más ridículas y grotescas.
Tuvo éxito el grupo y me alegra saber que sigue funcionando con el mismo espíritu valiente y equilibrado, lo que hace que crezca su prestigio; sólo lamento que entre nosotros no haya cuajado una iniciativa semejante: así nos luce el pelo.
Ofrezco a mis amables lectores una cita de la intervención de este representante del grupo en el Congreso del Ceu, porque me parece de interés por lo que afirma y por lo que sugiere. No estaría mal que alguien entre nosotros se atreviera a dar el paso que ellos han dado para poder ofrecer a nuestra sociedad de primera mano el pensar y sentir católicos sin tenernos que resignar a que otros nos interpreten y, sobre todo, distorsionen nuestros planteamientos y tomas de posición:

"Siendo contemplativos, podemos identificar lo que más vale. Estando presentes entre los más vulnerables, somos capaces de juzgar los efectos negativos de un mercado desfrenado y una burocracia deshumanizante. En nuestras parroquias y comunidades tenemos mecanismos inigualables de integración social y recaudación de capital social, del que dependen especialmente los que carecen de otras riquezas. ¿Cómo no vamos a estar presentes en la vida pública?"

jueves, 3 de noviembre de 2011

Pensar la muerte, superar el miedo

Un año más, el día de los difuntos, acompañado, como casi siempre, por una acentuación melancólica del clima otoñal, ha salido a nuestro encuentro posibilitando la meditación sobre la muerte, casi requiriéndola.
Me temo, sin embargo, que otras urgencias -desde las económicas hasta las de un horizonte electoral que quisiéramos acelerar- hayan impedido que muchos dedicáramos el tiempo suficiente a pensar sobre el final inevitable de la "hoja de ruta" de todo ser viviente.
Por otra parte, la muerte y sus víctimas -los muertos- merecen ser evocados con mayor calidad de la que nos suele permitir esta sociedad maestra en la prestidigitación que logra hacer desaparecer en un instante lo que a todas luces nos ha acompañado como evidente hasta ese momento.
Para apoyar con solvencia esa meditación imprescindible ni por un momento se me ha ocurrido acudir a cualquier diario -de papel o digital- en búsqueda de un suelto o una columna dedicada a la anual efemérides; hubiera sido en vano: esas urgencias evocadas antes son inmisericordes y señalan con el dedo acusador a cuantos pretendan salirse de las vigencias consagradas.
Así pues, se me ha ocurrido acudir, una vez más, a mi pensador de cabecera: J. Ratzinger que una vez más, con la sencillez de los sabios, dentro de su propio mundo mental, permite remontar el vuelo del pensamiento y pensar, pensar, pensar...en lo que es esencial, en lo que nos constituye como personas más allá de la bendita, pero insuficiente, animalidad compartida con las bestias.
He aquí un pequeño fragmento de una alocución, tan breve como enjundiosa, que dedicó anteayer al tema de la muerte. Puede verse en su integridad en zenit.org

"Desde siempre, el hombre se ha preocupado por sus muertos y ha intentado darles una especie de segunda vida a través de la atención, el cuidado, el afecto. En un cierto sentido, se quiere conservar su experiencia de vida; y, paradójicamente, el modo en que vivieron, lo que amaron, lo que temieron, lo que esperaron y lo que detestaron, lo descubrimos precisamente por sus tumbas, ante las cuales se agolpan los recuerdos. Son casi como un espejo de su mundo.

¿Por qué es así? Porque, a pesar de que la muerte sea un tema casi prohibido en nuestra sociedad, y se pretenda continuamente quitar de nuestra mente el solo pensamiento de la muerte, ésta nos afecta a cada uno de nosotros, afecta al hombre de todo tiempo y de todo lugar. Y ante este misterio todos, incluso inconscientemente, buscamos algo que nos invite a esperar, una señal que nos dé consuelo, que se abra algún horizonte, que ofrezca aún un futuro. El camino de la muerte, en realidad, es un camino de esperanza, y recorrer nuestros cementerios, como también leer las inscripciones sobre las tumbas, es llevar a cabo un camino marcado por la esperanza de eternidad.

Pero nos preguntamos, ¿por qué tememos la muerte? ¿Por qué la humanidad, en su mayoría, nunca se ha resignado a creer que más allá de ella no haya simplemente nada? Diría que las respuestas son muchas: tememos la muerte porque tenemos miedo de la nada, de este partir hacia algo que no conocemos, que nos es desconocido. Y entonces hay en nosotros un sentimiento de rechazo porque no podemos aceptar que todo lo que de bello y de grande ha sido realizado durante toda una existencia sea eliminado de repente, caiga en el abismo de la nada. Sobre todo, sentimos que el amor reclama y pide eternidad, y no es posible que sea destruido por la muerte en un solo momento".