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martes, 12 de julio de 2011

Catolicismo español: una valoración autorizada

Se está hablando estos días en medios eclesiales de la concesión del primer premio Joseph Ratzinger a tres teólogos y pensadores entre los que se encuentra el español Olegario González de Cardedal.
Hace pocos días fue el propio papa el que entregó el premio a los galardonados acompañando la entrega de palabras llenas de afecto personal y reconocimiento académico. Además, Benedicto XVI nos obsequió en ese mismo acto con un discurso magistral en el que reflexionó sobre la naturaleza y función de la teología.
Viene todo esto a cuento porque acabo de encontrar, en una entrevista que le hacen a Olegario -una de las muchas que le están haciendo con motivo del premio-, una valoración sobre el catolicismo en la España de hoy que a muchos les resultará sorprendente y que, viniendo de quien viene, un fino observador de la peripecia socio-cultural y religiosa de España, da que pensar, y obliga, creo yo, a desmontar ciertos tópicos con los que vivimos y con los que "desesperamos".
Transcribo esa luminosa respuesta de nuestro teólogo premiado y reconozco que comparto su tenor aunque a veces me cueste aceptar, en medio de determinadas oscuridades, que afortunadamente las cosas son probablemente así:

"-¿Cuando se comenzó a diluir el catolicismo en España?

-No se ha diluido. Una cosa es la superficie, la espuma ante la que ahora estamos. Creo que hay más vida católica y cristiana en la España de hoy que en la de hace 50 años. La medición de las conciencias, de la fe profunda, es muy difícil. No porque hayan dejado de aparecer juntos en los salones de los ayuntamientos el gobernador y el obispo, España ha dejado de ser católica. Ahora hay más decisión personal, más grupos de vida, más movimientos decididamente católicos que hace 50 años, con más implicación en la vida personal que en la manifestación pública. La democracia llegó a España al final de un largo proceso de preparación a la espera de que muriera el dictador, por eso no se produjo una ruptura, porque llegó con la maduración histórica a la que contribuyó el Concilio Vaticano II, al invitar a los católicos a la libertad y a la participación pública".

martes, 7 de junio de 2011

Pequeño consuelo

Aunque sea más bien exiguo, ciertamente algo de consuelo produce encontrarse con noticias como la que reproduzco más abajo.
Tendríamos los cristianos que meditar ampliamente para tratar de encontrar las raíces de esta desafección, no ya de las "masas" (que, como queda claro, no resulta siempre evidente ni mucho menos), sino de estos voceros profesionales que en nuestro tiempo se han convertido en los amos de una sociedad a la que le cuentan con frecuencia no tanto la realidad tal y como realmente aparece, sino su valoración subjetiva de la misma, es decir, lo que ellos creen que es o, más frecuentemente, lo que opinan que debería ser.
O sea: que en todas partes cuecen habas, aunque tal vez lo más preocupante sean los pucheros.

"Una encuesta realizada recientemente reveló que la cadena británica de televisión pública (BBC) es considerada cristianofóbica; es decir, anticristiana y desvirtuadora del cristianismo. De acuerdo con la investigación, que fue realizada por la propia cadena televisiva, la BBC es considerada ampliamente como un medio de comunicación que muestra una actitud anti-cristiana en su programación. Según los televidentes, la cadena utiliza "los estereotipos despectivos" al referirse a los cristianos a quienes describen como "débiles" y "fanáticos". (Fuente: The Christian Institute). El informe de la BBC dijo que el estudio se llevó a cabo como parte de la estrategia de la diversidad de la corporación, ya que, en términos de religión, había muchos que consideraban que la cadena de comunicaciones era anti-cristiana, y como tal, tergiversaba el cristianismo. El sentir expresado por los televidentes es que "los cristianos son específicamente maltratados, con la impresión de que otras religiones más minoritarias son más positivamente presentadas". Y eso, a pesar de que, según se reconoce expresamente en el informe, "el cristianismo es la religión más extensamente observada por los británicos". Uno de los encuestados respondía: "Como cristiano encuentro que la presentación del cristianismo en la BBC es inadecuada, ya que retrata estereotipos incorrectos y a menudo peyorativos". Otro señalaba: "Rara vez encontramos un cristiano retratado en una serie, y cuando lo hacen, se trata normalmente o de una persona débil o de una persona prepotente". ¿Es usted capaz de imaginar a un país árabe cuya cadena pública de televisión fuera conceptuada o percibida por sus oyentes como antiislámica? Pues bien, estas cosas, en cambio, sí ocurren en Europa.

Un portavoz de la emisora, negó las acusaciones diciendo que "la BBC no tiene un sesgo anticristiano. Tenemos estrictas normas de redacción en la imparcialidad, incluyendo las perspectivas religiosas". (…) En enero de este año una ex estrella de las noticias de la BBC advirtió que los cristianos son "presa fácil" para los insultos en el organismo de radiodifusión televisiva, mientras que los musulmanes no deben ser ofendidos. Pedro Sissons, cuyas memorias se publican en el Daily Mail, dijo: "El islam no se debe ser ofendido a cualquier precio; sin embargo, los cristianos son presa fácil porque no hacen nada si se sienten ofendidos".

La encuesta entrevistó a casi 4.500 personas, incluyendo algunos empleados de la BBC".

sábado, 21 de mayo de 2011

Pequeñas perlas inesperadas

Comentario encontrado en el blog "Rumores de Ángeles":

"Qué lástima. Cuánto pardillo manipulado en Sol. Los de "Izquierda hundida-Los bordes", reciclados y maquillados, vuelven a seducir a unas cuantas víctimas de la LOGSE y a los cadáveres del zapaterismo. Bastante penoso.
Por si a alguien hace falta refrescarle la memoria, le recuerdo dónde están hoy los artífices de Mayo del 68: Sentados en sus despachos esperando la jubilación. Veraneando en Ibiza, metiéndose de todo (los que no murieron de sobredosis). Y mirando al cielo esperando que lleguen los ovnis.
Vanitas Vanitatis".

Pues lo suscribo en su integridad. No cabe duda de que a veces se encuentran perlas donde menos se espera.

jueves, 12 de mayo de 2011

El don de saber comunicar contenidos poco fáciles

Al poco tiempo de ser elegido Papa BXVI, empezaron los comentarios periodísticos sobre su personalidad, la mayoría de los cuales, como era de esperar, no superaba la fácil tentación de establecer comparaciones con su predecesor. Las opiniones variaban, naturalmente, pero poco a poco se fue imponiendo una convicción que algún comentarista, en frase feliz, sintetizó así: a JPII la gente iba, sobre todo, a verle; a BXVI, la mayoría quiere oírle.
Como toda apreciación periodística, ésta resulta discutible, pero es indudable que apunta a algo cierto o correctamente intuido: la mayor calidad, o si se prefiere, profundidad teológica del discurso del papa Ratzinger en comparación con los contenidos de las alocuciones su predecesor. Éste, por su parte, superaría al actual pontífice en capacidad de atracción, digamos visual, de los asistentes a las semanales audiencias.
Me ha venido esto a la mente, leyendo la catequesis que ofreció ayer BXVI a los fieles que le acompañaron en la semanal audiencia de los miércoles. El papa, que ha iniciado un ciclo de reflexiones sobre el nada fácil ni "popular" tema de la oración, deslizó un párrafo que me ha llamado especialmente la atención porque creo que une profundidad, sencillez, claridad y sensibilidad, digamos, "moderna", al saber incorporar reflexiones de pensadores modernos que pocos, incluso de sus conocedores, esperaría encontrar en ellos.
Me complace compartir con mis lectores este párrafo que, además, es posible saborear mejor leyéndolo que en la audición, siempre algo alborotada, del encuentro semanal en la plaza de San Pedro:

"En la oración, en todas las épocas de la historia, el hombre se considera a sí mismo y a su situación frente a Dios, a partir de Dios y respecto a Dios, y se da cuenta de que es criatura necesitada de ayuda, incapaz de procurarse por sí misma la realización cabal de la propia existencia y de la propia esperanza. El filósofo Ludwig Wittgenstein recordaba que “rezar significa sentir que el sentido del mundo está fuera del mundo”.
En la dinámica de esta relación con quien da sentido a la existencia, con Dios, la oración tiene una de sus típicas expresiones en el gesto de ponerse de rodillas. Es un gesto que lleva en sí mismo una radical ambivalencia: de hecho, puedo ser obligado a ponerme de rodillas -condición de indigencia y de esclavitud- o puedo arrodillarme espontáneamente, confesando mi límite y, por tanto, mi necesidad de Otro. A él le confieso que soy débil, necesitado, “pecador”.
En la experiencia de la oración, la criatura humana expresa toda la conciencia que tiene de sí misma, todo lo que consigue captar de su existencia, y, a la vez, se dirige, toda ella, al Ser frente al cual está, orienta su alma a aquel Misterio del que espera el cumplimiento de sus deseos más profundos y la ayuda para superar la indigencia de la propia vida.
En este mirar a Otro, en este dirigirse “más allá” está la esencia de la oración, como experiencia de una realidad que supera lo sensible y lo contingente".

martes, 10 de mayo de 2011

Lamentable decepción: así somos, al parecer, hasta en lo físico

No hay experiencia peor en la vida de los hombres que la de constatar sin lugar a dudas la imposibilidad de superar algo desagradable, de liberarse, por ejemplo, de una dependencia, de un acoso, de un dolor molesto y recurrente.
En el terreno, digamos, espiritual, no faltan técnicas que, debida y sabiamente aplicadas, logran éxitos a veces espectaculares, por ejemplo, reacciones serenas frente a amenazas más o menos reales, disminución de fobias recurrentes, superación de ideas fijas paralizantes, etc.
Hoy acabo de leer una información francamente decepcionante. Especialmente para los muchos -cada vez más- afectados por el problema de la obesidad. Lean, amigos, esto que transcribo (tomado del ABC de hoy)y díganme si no estamos ante una especie de "octava plaga" que el autor bíblico hubiera agradecido conocer para engrosar su lista, y...perfeccionarla.
Tan lamentable como, por lo visto, cierto:

"En el último año, la liposucción se ha convertido en la intervención de cirugía estética favorita de las mujeres y cada vez más de los hombres. La promesa de librarse de los antiestéticos michelines para siempre hace que muchos la vean como una inversión de futuro. Pero la cruda realidad, según un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado, es que la grasa vuelve un año después de la intervención, aunque se redistribuye hacia otras zonas del cuerpo,especialmente en la parte superior del abdomen, los hombros y los tríceps.

«El hecho de que la grasa retorne es de gran interés para los científicos porque eso significa que los niveles de grasa del cuerpo están fuertemente regulados por mecanismos que aún desconocemos», explica Robert Eckel, uno de los autores del estudio, que se publica en la revista «Obesity». (...).

Los investigadores confirmaron su hipótesis con roedores después de observar que la grasa vuelve cuando se elimina, del mismo modo que los seres humanos recuperan su peso después de haber adelgazado. «Creemos que el cerebro sabe de alguna manera la cantidad de grasa que tiene el organismo y trata de regular su presencia para que sea siempre la misma. Por eso es tan importane prevenir la obesidad», advierte Eckel".

lunes, 9 de mayo de 2011

Laicismo pintoresco y opinión pública sensata

Por lo que puede tener de "ejemplificante" (en varios sentidos) para nuestra realidad patria, reproduzco a continuación un post del portal "La Iglesia en la prensa" -portal que, como he dicho otras veces, aprecio mucho- que me ha llamado la atención.
Es verdad que la noticia que transmite nos puede hacer exclamar el clásico: "en todas partes cuecen habas"; pero no es menos cierto, me parece, que el desenlace nos hace ver que el tipo de "cocción" no es exactamente igual en todas partes, por lo que el producto final tampoco es probablemente el mismo...para desgracia, por cierto, de nuestra hispana gastronomía.

La lección de laicidad del electricista inglés

Colin_atkinson

A estas alturas, me parece un dato comprobado que las polémicas (europeas) con motivo de la exposición pública de símbolos religiosos cristianos no las promueven seguidores de otras religiones. Por lo general, no se trata de la reacción de minorías que se sienten discriminadas por la religión mayoritaria. No. Los promotores suelen ser militantes de determinadas corrientes ideológicas que postulan (eso sí, como si fuera un credo religioso) la desaparición de esos símbolos de la esfera pública (especialmente, de los cristianos). Así pues, son gentes que pretenden imponer a todos su propia visión, que consiste no en el pluralismo de símbolos, sino en la supresión de símbolos, en la pared vacía, como si se tratara de la única vía.

Esto viene a propósito de la historia del electricista inglés que, por el hecho de exhibir una cruz en el salpicadero de la camioneta de la empresa, fue amenazado de despido. Desconocía cómo había terminado el caso, así que he recuperado algunas informaciones sobre este hombre, Colin Atkinson (foto), de 64 años, parroquiano de una iglesia pentecostal. Me entero con sorpresa de que todo había empezado hace quince meses (yo pensaba que era una historia de estos días), cuando uno de los capataces le dijo que quitara el crucifijo. Atkinson quiso saber en base a qué reglamento interno emitía esa orden, pues en 14 años nunca tuvo problemas. Se descubrió que, en efecto, no había ningún reglamento, y que nadie había dicho nada ante los símbolos expuestos por sus compañeros musulmanes o sikhs, ni tan siquiera ante el póster del Ché Guevara exhibido en el despacho de su jefe.

Como respuesta, la empresa emitió una nueva regla: todos los símbolos personales deben ser quitados de las camionetas. Con lo que no contaba la empresa fue con la reacción popular: Atkinson fue invitado a muchos programas de televisión y en algunos sondeos realizados en directo el 100 % del público votó a su favor. Se demostró que no era ningún fanático ni anti nada. “Nadie se quejó nunca, ni mis colegas ni mis clientes”. Atkinson fue víctima de un ataque de “corrección política” que sufrió su capataz, y los otros jefes. Al final, como buenos británicos, supieron recobrar el sentido común. Y el electricista inglés dio a todos una lección de laicidad, defendiendo con tenacidad sus derechos.

lunes, 18 de abril de 2011

La fecha -cambiante- de la Pascua

Este año los cristianos de todo el mundo y de todas las confesiones vamos a celebrar la Pascua el mismo día. Esta coincidencia en la fecha no es nada frecuente y resulta una "asignatura pendiente" de las iglesias cristianas lograr un acuerdo que llevara a que todos los creyentes en Cristo resucitado celebraran el acontecimiento por excelencia de su fe unidos, no sólo espiritualmente, sino también, podríamos decir, físicamente: el mismo día del mismo mes.
Transcribo un extracto de la amplia respuesta que dedicó a la pregunta por la razón de esa divergencia de fechas en la celebración pascual, el boletín del Consejo Ecuménico de las Iglesias del año 2007 en su versión española.

"¿Por qué la celebración de la Pascua no cae cada año en la misma fecha, como es el caso de Navidad, por ejemplo?

En pocas palabras, la respuesta sería la siguiente: porque en el siglo IV se decidió celebrar la Pascua de Resurrección después de la primera luna llena que sigue al equinoccio de primavera (vernal) en el hemisferio Norte (o sea el equinoccio de otoño en el hemisferio Sur). ("Equinoccio" es un día del año en el que el día y la noche tienen la misma duración. Esto sucede dos veces al año, en primavera y en otoño).

De conformidad con el Antiguo Testamento, la muerte y la resurrección de Jesús tuvieron lugar aproximadamente en el tiempo de la Pascua judía; la Pascua judía se celebraba el día de la primera luna llena después del equinoccio de primavera, y por ello era una festividad móvil (…) Los cristianos de diferentes regiones celebraban la Pascua en fechas diferentes. Ya a finales del siglo II, algunas iglesias celebraban la Pascua cristiana el mismo día de la Pascua judía, independientemente de si era domingo o no, mientras que otras la celebraban el domingo siguiente (…) Ante esta situación, el Concilio de Nicea, en el año 325, buscó una solución unificada que guardaría relación con la fecha de la Pascua judía como se celebraba en el tiempo de Jesús. Para ello se fijó definitivamente la celebración de la Pascua en una fecha móvil (…) El Concilio de Nicea estableció, en el año 325, la regla según la cual la Pascua se celebraría el primer domingo tras la luna llena que sigue al equinoccio de primavera (vernal) en el hemisferio Norte (…) Pero cabe destacar que, incluso tras el Concilio de Nicea, continuaron existiendo diferencias respecto de la fecha de la Pascua por el hecho de que el Concilio no dijo nada sobre el método que debería utilizarse para calcular la entrada de la luna llena y del equinoccio vernal.

Ahora bien, la verdadera dificultad que plantea actualmente esta situación tiene su origen en el siglo XVI, cuando el Calendario Gregoriano reemplazó al Juliano que se había establecido en el 46 a.C. Llevó cierto tiempo hasta que todos los países adoptaron el nuevo calendario (¡Grecia no lo hizo hasta principios del siglo XX!). Sin embargo, las iglesias ortodoxas aún continúan utilizando el Calendario Juliano para calcular el equinoccio de primavera y la luna llena que lo sigue. De ahí que calculen fechas diferentes".

sábado, 16 de abril de 2011

Muy triste, pero real

Por su interés, reproduzco a continuación, e íntegramente, la columna que publica en la edición de hoy, 16 de Abril, el diario ABC, firmada por Juan Manuel de Prada.
Sólo quiero añadir una reflexión. El columnista arranca de la declaración de uno de los convocantes de la llamada "manifestación atea", y después alude a unas recientes manifestaciones del catedrático y ex-rector de la Universidad Carlos III de Madrid Gregorio Peces-Barba.
Pues bien, me parece evidente que estas últimas contienen una peligrosidad intelectual, social y política exponencialmente mucho mayor que la declaración de intenciones del anónimo convocante, lo cual -al menos a mí- me llena de estupor, y sobre todo, de tristeza:

"ME estremecieron las declaraciones de uno de los convocantes de esa «procesión atea» que pretendía desfilar la tarde de Jueves Santo: «Representamos un frente ideológico. Un frente dedicado, única y exclusivamente, a castigar las conciencias católicas. Nuestro propósito es hacer daño. Y no nos andamos con contemplaciones». No se me escapa que el odium fidei es un sentimiento inextinguible, cuyas ascuas no se apagarán nunca, mientras el mundo sea mundo; pero me había habituado a considerar que, en este fase democrática de la Historia, elodium fideise manifestaba bajo expresiones menos furibundas, más sibilinas o asépticas, englobadas bajo lo que hemos dado en denominar «laicismo». Las declaraciones de ese convocante de la «procesión atea» me han permitido comprender que ambas expresiones del odium fidei pueden ser simultáneas y concurrentes, que puede haber un Estado que muy democráticamente imponga una idolatría política de obligado cumplimiento, a la vez que sus más furibundos paladines se ocupan de «castigar» y «hacer daño» a los recalcitrantes que se resistan a obedecerla. De hecho, los odiadores más sañudos de la religión sólo afloran allá donde previamente se ha impuesto una idolatría política que sibilinamente la combate. De todos es sabido que unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces. Y declaraciones tan sañudas como las de ese convocante de la «procesión atea» sólo adquieren un sentido pleno si las interpretamos a la luz de otras de apariencia más sibilina, como las que esgrimía Peces-Barba en un artículo reciente: «Cuanto más se les consiente y se les soporta, peor responden. Solo entienden del palo y de la separación de los campos». Para que nadie interprete malévolamente que Peces-Barba está promoviendo la organización de guetos judíos, diremos que se refiere a los católicos.

La «procesión atea» ha sido, en fin, prohibida, por razones más bien colaterales y hasta peregrinas, tal vez porque los odiadores sibilinos de la religión, muy en su papel de polis buenos, consideraban que en esta ocasión los odiadores más sañudos —los polis malos— se habían excedido en su ímpetu. Pero esta «procesión atea» no era sino un aspaviento histriónico; y la verdadera procesión del odium fidei va por dentro. No emplea —de momento— el palo, sino el veneno sutil de la propaganda; y así, envenenando las conciencias, se logra crear el caldo de cultivo que a la larga permitirá sacar el palo del armario sin escándalo. En una célebre obra de C. S. Lewis, Cartas del diablo a su sobrino, Screwtape, un diablo veterano y de alcurnia, dedica a un diablo segundón y bisoño una serie de consejos que faciliten su misión en la tierra; entre los cuales se halla éste: «Queremos que la Iglesia siga siendo pequeña, no sólo para que los menos hombres posibles aprendan a conocer al Enemigo, sino sobre todo para que quienes se vuelvan contra él se coloquen en ese estado de exaltación enfermiza y de fariseísmo agresivo característicos de una sociedad secreta».

Esta es la verdadera procesión del odium fideique juzgo preocupante: la que, a la vez que propaga el ateísmo, pretende caracterizar a los católicos como una secta de fanáticos encerrada en una ciudadela. Y contra esa secta de peligrosos fanáticos sólo vale el «palo», como propugnaba Peces-Barba: la mofa y el escarnio elevados a la categoría de rutina, el confinamiento en un gueto de ostracismo, la muerte civil dosificada en pequeñas dosis. Quien lo probó lo sabe".

martes, 5 de abril de 2011

La Iglesia católica en China: doble enigma

Todos estamos de acuerdo en el carácter sumamente enigmático de China. Sabemos poco todavía de aquel lejano y legendario país. Nos vamos dando cuenta, eso sí, de que cada día que pasa crece su importancia como potencia mundial, y ya nadie considera exagerado decir que, en pocos años, el mundo entero será mucho más “chino” de lo que es ahora. Unos lo ven con simpatía, otros con curiosidad, y no pocos con miedo.

Pero si del gigante chino todavía sabemos relativamente poco, de la presencia y andadura dentro de él de la Iglesia católica, nuestra ignorancia, hablando en general, es prácticamente total.

Y, sin embargo, cada día nos es dado conocer más datos sobre la situación de las comunidades católicas que tratan de sobrevivir y crecer allí en una triple fidelidad: al evangelio, a la iglesia católica, y a la sociedad civil en plena expansión y desarrollo económico.

Hace unos años, el papa BXVI envió una carta a los fieles católicos chinos verdaderamente admirable y cuya repercusión en nuestros medios de comunicación -para no variar- fue manifiestamente mejorable. En ella el papa aludía a las notables dificultades que experimentan los católicos chinos para mantener esa triple fidelidad, les animaba a mantener la esperanza, y sugería pensamientos de indudable alcance político.

Para cualquiera que tenga una mínima información sobre el particular, no es ningún secreto que el problema más llamativo que sigue sin resolverse es el de la existencia de dos líneas jerárquicas dentro del episcopado chino: la de origen gubernamental (iglesia patriótica), que no siempre es aprobada o consentida por Roma, y la de origen, digamos, romano, es decir, aquella cuyos obispos son nombrados por la santa sede, y que, por tanto, gozan de la plenitud de la comunión eclesial.

Pero las cosas, miradas de cerca, deben ser -sin duda, son- mucho más complejas de lo que puede parecer. Buena prueba de ello es que las opiniones más cualificadas de conocedores desde dentro de la situación, y de observadores absolutamente solventes más desde el exterior, entran no pocas veces en conflicto a la hora de valorar el presente y de programar el futuro de la vida de la iglesia católica en China.

Reproduzco a continuación un extracto del interesante reportaje a parecido en el blog de Sandro Magister en L'Espresso que puede ayudar a aclararse algo más en este asunto. Sirva como aperitivo para un futuro mayor conocimiento de esta, a mi juicio, apasionante cuestión:



“Al final de la semana pasada, casi a la misma hora, dos exponentes de peso de la Iglesia católica, ambos chinos, expresaron dos juicios diferentes sobre el difícil momento que la Iglesia atraviesa en China.

El primero es el cardenal Joseph Zen Zekiun, que fue obispo de Hong Kong, hoy ya retirado, pero siempre muy atento a lo que acontece en su país.

El viernes 1 de abril el cardenal Zen publicó en "Asia News", la agencia on line del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras, un vehemente acto de acusación contra el "triunvirato" que quisiera reproducir con China la Ostpolitik practicada en el siglo pasado por el Vaticano con los regímenes comunistas. Una política de "diálogo a cualquier costo" – escribe Zen – desastrosa entonces, y aún más desastrosa hoy, cuyo único resultado sería el de "hundir siempre más a los católicos en el fango de la esclavitud".

El triunvirato sometido a acusación por Zen está compuesto por el cardenal Ivan Dias, prefecto de la congregación para la evangelización de los pueblos, un "notario" de la misma congregación vaticana, y el padre Jerome Heyndickx, célebre sinólogo y estratega del grupo. Los tres actuarían – según Zen – contra la línea dictada por Benedicto XVI en su carta del 2007 a la Iglesia en China, y contra la opinión de la mayoría absoluta de la comisión que el Papa ha instituido para seguir la situación en China, de la cual el mismo Zen es parte.

*

El segundo alto de dirigente de la Iglesia que el mismo viernes 1 de abril tomó la palabra sobre el caso de la China es el arzobispo Savio Hon Taifai, con una entrevista al diario de la conferencia episcopal italiana, "Avvenire", realizada por el vaticanista Gianni Cardinale.

Monseñor Hon, 61 años, es el primer chino que llega a ocupar un alto cargo en la curia romana. El pasado 23 de diciembre Benedicto XVI lo ha nombrado secretario de la congregación para la evangelización de los pueblos, que tiene la competencia sobre todos los territorios de misión, incluida la China.

Originario de Hong Kong, alto, físico delgado, aspecto juvenil, monseñor Hon se define como un "teólogo poco diplomático".

Efectivamente, en esta entrevista, que es la primera que concede hasta ahora, Hon expresa juicios muy directos. Sin esquivar ninguna cuestión. Describe con sencillez las visiones opuestas del cardenal Zen y del Padre Heyndrickx. Y no esconde que está más cerca del primero, aun sin seguirlo en todo.

(...) es necesario resumir brevemente lo que ha sucedido en los últimos meses entre el gobierno chino y la Iglesia católica.

El pasado 30 de marzo ha sido ordenado en China, en Jiangmen, un nuevo obispo: Paul Liang Jiansen, 46 años. Su nombramiento ha sido "aprobado" por la Santa Sede y simultáneamente "autorizado" por las autoridades chinas.

Entre el 18 de abril y el 15 de noviembre del 2010 otros diez obispos han sido ordenados en China con la aprobación conjunta de Roma y Pekín, en las diócesis de Hohot, Haimen, Xiamen, Sanyuan, Taizhou, Yan'an, Taiyuan, Yuncheng, Nanchang, Zhoucun.

Pero en medio, el 15 de noviembre, en la diócesis de Chengde hubo una ordenación ilícita, es decir, realizada por intención del gobierno sin la aprobación del Papa. Desde el año 2006 no se hacía en China una ordenación episcopal ilícita.

Y poco después, del 6 al 8 de diciembre, las autoridades chinas han reunido en Pekín una asamblea nacional de representantes católicos, en la que han participado 45 obispos, muchos de los cuales aprobados por el Vaticano, y se han elegido los dirigentes de la conferencia episcopal y de la asociación patriótica: dos organizaciones que no son reconocidas por la Santa Sede.

La ordenación ilícita de Chengde y la asamblea de Pekín han sido desaprobadas por la Santa Sede con comunicados de tono muy fuerte, el 24 de noviembre y 17 de diciembre”.


domingo, 3 de abril de 2011

Claridad y sencillez al servicio de lo esencial

Hay temas de los que no resulta fácil hablar (o escribir). Son, sobre todo, esos temas que se refieren a vivencias o expresiones de la propia religiosidad. En ocasiones, además, estos temas, de por sí difíciles de abordar como digo, se tiñen de un color desagradable gracias a la polémica que les envuelve en un determinado momento.

Es el caso, por ejemplo, del asunto de la adoración eucarística, práctica típicamente católica que antaño estaba sumamente arraigada en el pueblo cristiano, y que, poco a poco, fue perdiendo “fuelle” hasta desaparecer en no pocos ambientes, gracias a justificaciones pretendidamente teológico-litúrgicas, a mi juicio poco o nada convincentes por insolventes.

Afortunadamente, existen personas especialmente dotadas para decir en pocas palabras, y lejos de toda polémica, las verdades de fondo que han sustentado y siguen sustentando el valor de prácticas como la que acabo de mencionar. Cuando, además de la exactitud y la concisión, a lo que se dice le acompaña la sobria belleza de la calidad literaria, uno siente no sólo la necesidad de aplaudir, sino también la urgencia de compartir lo descubierto.

Eso me ha pasado hoy a mí al leer en el número correspondiente a esta semana de la revista Vida Nueva la columna que Pablo D'Ors dedica a este tema de la adoración eucarística. Reconozco humildemente que a mí me hubiera encantado escribir una columna como esta. Sirva como reconocimiento a su notable calidad la reproducción de la misma que hago en este blog.

Y no se piense que es un tema menor. Precisamente el enfoque de la cuestión y la forma de resolverlo, nos hace ver que el autor ha sabido descubrir el alcance teológico y antropológico del asunto: el misterio de la lejanía insuperable de un Dios cuya real cercanía, sin embargo, casi siempre pretendemos utilizar para manipularle. No se lo pierdan:

"Como el de todo cristiano, mi culto a la Eucaristía ha estado conformado por la comunión y la adoración. Mediante la comunión, celebro que Dios está cerca (más cerca imposible, pues entra en mí hasta confundirse conmigo); mediante la adoración, en cambio, celebro que está lejos. Sí, la adoración del Santísimo no es más que la celebración de la distancia de Dios.

Prefiero con mucho la adoración a la comunión, porque esta es un estado excepcional (raramente siente el hombre a Dios tan cerca), mientras que aquella es la situación habitual (a Dios solemos sentirlo lejos). Adorando el Santísimo aprendemos que el hombre es hombre y Dios, Dios: que se juntan en ocasiones, pero que Dios no se deja atrapar. Mediante la adoración del Santísimo celebro, es decir, recreo, la situación espiritual de alejamiento de Dios por parte del hombre contemporáneo. Se la recuerdo al mundo, se la recuerdo a Dios.

Cuando me pongo de rodillas ante el Santísimo, no solo miro la Hostia –allá a lo lejos–; miro también la distancia misma que hay entra Ella y yo, y esa distancia –no solo la Hostia, repito– me parece también digna de veneración.

Mediante la comunión, nos divinizamos; mediante la adoración, nos humanizamos. Quien adora el misterio termina por convertirse él mismo en un misterio. Dios no es evidente, sino que está oculto: se ha manifestado ocultándose. La más luminosa revelación del misterio es la de su ocultación".