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lunes, 14 de junio de 2010

A tiempos recios, testigos radicales

Tenía pensado ocuparme hoy del anteproyecto de ley de libertad religiosa que ayer publicaba El País, tras filtración de alguien situado en las esferas el poder. Lo dejo para otro día porque me he encontrado en el blog de la revista El Ciervo, alojado en Religión Digital, un suelto de Juan Martín Velasco, autor al que aprecio extraordinariamente, en el que cita a Dietrich Bonhoeffer, el gran teólogo evangélico alemán mártir de la barbarie nazi.
No me importa confesar que, después de la Biblia, uno de los escritores a los que más debe mi fe es precisamente Bonhoeffer, y nunca agradeceré lo suficiente a mis maestros el haberme iniciado en su conocimiento.
Nosotros que tanto hablamos y oímos hablar a tirios y troyanos sobre la iglesia, confundiéndola casi siempre con su aparato dirigente -sea para incensarlo (cuando nos es favorable), sea para denostarlo (cuando nos es contrario)- haríamos bien en escuchar con más frecuencia a cristianos radicales como Bonhoeffer que no dudaron en criticar a su iglesia (en su aparato dirigente) cuando comprobaron, no que no les daba la razón, sino que se preocupaba demasiado de sí misma con grave olvido del evangelio. Y siempre emitieron esa crítica desde la propia entrega de su vida, y nunca desde la poltrona ideológica prestada por sus admiradores.
Esta es la cita que he encontrado en J. Martín Velasco:

“Nuestra Iglesia, que durante estos años, sólo ha luchado por su propia subsistencia como si fuera una finalidad absoluta, es incapaz de erigirse ahora en portadora de la Palabra que ha de reconciliar y redimir a los hombres y al mundo. Por esta razón, las palabras antiguas han de marchitarse y enmudecer, y nuestra existencia de cristianos sólo tendrá en la actualidad dos aspectos: orar y hacer justicia entre los hombres. Todo el pensamiento, todas las palabras y toda la organización en el campo del cristianismo, han de renacer partiendo de esta oración y de esta actuación cristianas […] cada ensayo de dotarle (a nuestra Iglesia) prematuramente de un poder organizador acrecentado, no logrará sino demorar su conversión y purificación”.

Esto lo decía Bonhoeffer en tiempos todavía más difíciles que los nuestros, pero quizás no tan diferentes en el fondo; porque para el cristianismo y para la Iglesia, los tiempos siempre son recios porque exigen obedecer a Dios antes que a los hombres.


domingo, 13 de junio de 2010

Recovecos del nombramiento de un obispo

Reproduzco aquí lo que acabo de escribir interviniendo en una noticia-reportaje aparecida hoy en Religión Digital sobre el nombramiento de Mons. Munilla para la diócesis de San Sebastián; nombramiento que fue pésimamente acogido por el clero donostiarra y que trató de impedir, sin éxito, el obispo saliente -Juan Mª Uriarte- ofreciendo como alternativa a un preclaro jesuita vasco, en la actualidad secretario general de la Compañía.
Recomiendo la lectura del reportaje, que me parece plausible y, como digo, brindo mi comentario enviado a la mencionada página (RD).

"Este reportaje, cuya correspondencia con la realidad es plausible pero no evidente, deja en muy mal lugar -pésimo, a mi juicio- a Mons. Uriarte. En efecto, da la impresión de que en Roma no cuenta nada; es más, parece que le engañan como a un chino haciéndole albergar esperanzas sobre su candidato. Finalmente, nos lo presentan como un imprudente que asegura a sus curas -sin pruebas irrefutables, como se ve por el desenlace- que Munilla no irá a SS cuando la verdad es lo contrario.
La traca final que, a mi juicio, termina de hundir el prestigio de Uriarte, es la afirmación de que la propuesta de nombramiento de Munilla alcanza en la Sagrada Congregación la unanimidad. Luego no parece un capricho de Rouco, o, de serlo, se ve que el cardenal de Madrid lo argumentó de manera magistral."

Tengo la impresión de que los redactores de RD querían elogiar a Uriarte y criticar a Rouco presentándole como prepotente a la hora de nombrar obispos; si es así, se han lucido, porque el pobre ex-obispo de SS sale bastante mal parado como pongo de relieve en mi comentario.

viernes, 11 de junio de 2010

Desprecian cuanto ignoran

Me acuerdo perfectamente. Fue hace ya bastantes años. Volvía yo de la universidad en el autobús como cada día, con la molestia de las estrecheces propias de la hora punta. Esas estrecheces me hacían imposible no seguir la conversación de una pareja que volvía, como yo, de la jornada académica.
-¿Sabes, tía? La semana pasada he estado en Roma con mis viejos y mis hermanos.
-¿Y qué te ha parecido?
-Guay, de verdad; muy guay. Más de lo que esperaba.
-¿Pero os dio tiempo a ver mucho?
-Bueno, ya sabes, lo normal; lo que ve todo el mundo.
-¿Fuisteis a ver al Papa?
-Bueno, sí, claro. Yo no tenía ningún interés, pero si no vamos, ya sabes, a mi madre le da algo. Ahora, ¿sabes una cosa? Vas a flipar, tía; es que ni yo me lo creo cuando lo recuerdo ahora.
-¿A qué te refieres?
-Vas a flipar...Pues que cuando apareció el Papa me emocioné.
-¡Qué dices, tío! ¿Que te emocionaste?
-Sí, como lo oyes; no sé, fue una sensación rara, algo por dentro, no sé. Casi lloro, tía...
Esta fue la conversación. Tal cual; nada novelada, ya que su simple esquematismo me permite recordarla perfectamente.
Me ha venido a la cabeza este recuerdo de poca importancia, después de seguir ayer la visita del inefable ZP al Vaticano en la que pude apreciar una falta total de emoción, y una frialdad inducida, y mal disimulada por la sempiterna sonrisa de buenismo simplón e inútil.
Puede ser, desde luego, una impresión equivocada, pero me juego el caserío a que no; a que acierto.
Cuando la percepción de la historia se reduce a unas batallitas de buenos y malos acontecidas todo lo más en la época de nuestros abuelos; cuando los diagnósticos de filosofía de la historia le llevan a uno a afirmar (como leí yo, dicho por ZP hace ya años) que el cristianismo es el responsable de todo el retraso de la historia de occidente, visitar al Papa no puede emocionar. Se convierte en algo parecido a la visita que cursan las autoridades a los regentadores de puestos de alimentación en la innauguración de un nuevo mercado.
-¿Qué, cómo va la cosa?
-Aquí nos tiene, presidente, a luchar que no hay más remedio.
Es triste, pero es así. Ya lo dijo el sabio poeta: desprecian cuanto ignoran.
¡No vuelva!

miércoles, 9 de junio de 2010

Nazismo políticamente correcto trufado de suave cinismo

Después de escribir el post de hoy sobre los honores militares, he visitado la página "La Iglesia en la Prensa", de la que ya hablé aquí elogiosamente y que ciertamente merece la pena por la sabia mezcla de información y opinión, ésta siempre equilibrada aun sin ocultar sus preferencias en los acentos.
Allí me he encontrado esta perla que reproduzco convencido de que interesará a mis lectores tanto o más de lo que me ha interesado (y admirado) a mí:

"Hace unos días, la televisión británica Channel 4 emitió un anuncio que concluía con esta frase: “si tienes un retraso menstrual, podrías estar embarazada; si estás embarazada y no sabes qué hacer, Marie Stopes International te puede ayudar”. En honor a la transparencia informativa, que se exige a la publicidad, habría que añadir que la única ayuda que ofrece esta “non profit” es el aborto. Aunque no se dice en el anuncio, basta visitar la página web de Marie Stopes International para comprobar su finalidad. Allí se puede leer también el orgullo institucional por esta campaña de marketing, pues se trata de “la primera vez que la televisión emite un anuncio para embarazos no planificados y servicios de asesoramiento de aborto”.

Junto a este silencio, otra sorpresa es que esta “non profit” resulta bastante “profit”. Su “core business” es el aborto (practica 65 mil al año en Gran Bretaña). Sus ingresos ascienden a los cien millones de libras esterlinas al año (treinta de los cuales proceden de fondos públicos). No está claro cuántos trabajan voluntariamente. Sí se tienen datos de que uno de sus directivos recibe un sueldo anual de 210 mil libras, mientras que otros veintidós empleados llegan a las 60 mil (el sueldo medio en Gran Bretaña ronda las 25 mil libras). Es difícil verlo de otro modo: son dineros de la industria del aborto.

Resulta particularmente llamativo que esta institución enarbole la figura de un personaje -Marie Stopes- que teorizó el concepto de purificación de la raza, que era entusiasta del Tercer Reich y particularmente devota de Hitler, y que desheredó a su hijo porque se casó con una... miope. Decía hace un par de años Gerard Warner que “a Maria Stopes se le perdona su racismo eugenésico porque era anti-life”. Incluso el mítico servicio postal de su majestad le dedicó un sello. Suena todo muy raro, ¿no?"

Impresionante noticia. Tal vez alguno piense: no estamos tan mal. Lamentablemente habría que contestarle: al paso que vamos de cinismo autocomplaciente, todo se andará. Ojalá no.

Honores militares: ridícula furia adolescente

Entro en este asunto, lo confieso, con una cierta pereza, casi hastío; pero creo que no está mal que haga un comentario, ya que, desde esta ventana siempre abierta, asuntos como éste se ven con todo lujo de detalles.
Me refiero a las nuevas disposiciones del ministerio de defensa con respecto a los honores militares que deben o no rendirse en diversas circunstancias, y que por lo visto, se han estrenado con la fiesta del Corpus de Toledo.
Empecemos por una cuestión previa, digamos, de oportunidad. Recuerdo que hace ya años, la justicia determinó que se debía detener a un célebre empresario por delitos de lo que fuere. Pues bien, a la policía -probablemente siguiendo órdenes- no se le ocurrió un momento más "oportuno" para realizar la detención que la tarde del día de nochebuena. Evidentemente, nadie protestó por el hecho de la detención que jurídicamente era firme, pero sí por la oportunidad de hacerlo en el momento tal vez menos humano del año.
Pues en esto de las ordenanzas militares, cabe decir algo parecido. ¿No hay en todo el año un momento más oportuno para realizar el cambio, que las vísperas de una fiesta religiosa en la que destaca, precisamente, y desde hace siglos, el despliegue de esos honores militares que en adelante se piensan retirar? Parecería que no.
La impresión, sin embargo, es de estar ante un nuevo "trágala" que no deje lugar a dudas de las convicciones laicistas de los actuales responsables de la gestión de la cosa pública que se proponen liberar a los pobres españoles de ataduras ancestrales de las que ni siquiera ellos mismos son conscientes.
Vayamos al fondo del asunto. ¿Pueden los responsables de una procesión religiosa de creyentes que quieren manifestar por las calles su fe portando sus símbolos sagrados, exigir o, más simplemente, pedir que destacamentos militares les rindan honores de ordenanza? En linea de principio, parece evidente que no; ni pueden, ni deben. Y añado: ni hoy por hoy se le ocurriría a ninguno de ellos hacerlo.
¿Piensa alguien que, pongamos por caso, en un barrio de nueva creación, llegada la fiesta del patrón o patrona, el párroco va a dirigirse a la instancia militar pidiéndole que mande a soldados con uniforme de gala a rendir honores al santo(a) que corresponda? ¡Por favor!
Ahora bien, ¿es éste el caso del Corpus de Toledo? Es evidente que no; y un sencillo vistazo a la historia arroja luz suficiente para aclarar posibles dudas que pudieran plantearse legítimamente en el terreno de los principios en estado puro.
Pero ocurre que a los laicistas les puede el pánico. En efecto, tienen pánico a contaminarse. Pues bien, ese miedo de los laicistas a "contaminarse" al contacto de lo religioso (sobre todo, de lo religioso católico), revela varias lacras:
- ignorancia histórica, en este caso, más que evidente.
- falta total de generosidad y "simpatía" ( o "empatía") ciudadana, respetuosa con los símbolos y las fiestas de los otros (que no son "los míos").
- desconocimiento total de los sentimientos del pueblo al que dicen servir.
- comprensión muy infantil, peor, adolescente del verdadero y profundísimo significado de lo laico.
En fin, un desastre. Nada peor, sin embargo, que responder con agresividad a este cúmulo de despropósitos. La mejor salida: resistir sin rebajar un ápice el nivel de nuestro desprecio.

martes, 8 de junio de 2010

La (¿funesta?) manía de fundar

Leo hoy en los blogs que comentan a diario la actualidad de la Iglesia, que ha dimitido el superior mayor y fundador del Instituto del Verbo Encarnado.
Reconozco que no podría hablar ni un minuto sobre este Instituto del que he oído, o sobre el que he leído algo, en no más de un par de ocasiones.
Parece ser que la dimisión, presentada como fruto de la edad y de la salud, puede llevar "bicho", es decir, que posiblemente anuncia turbulencias no resueltas que, según algunos, podrían darnos, si no un disgusto (tipo Maciel), al menos sí un buen susto.
Mirando por mi ventana, me pongo a pensar en algo que no es la primera vez que medito: la para mí excesiva proliferación de fundadores y fundadoras de todo tipo de institutos, congregaciones y órdenes a lo largo de la historia del cristianismo, algunas de ellas realmente geniales, y la mayoría perfectamente prescindibles cuando no, encima, problemáticas.
Es verdad que el Espíritu Santo sopla donde y como quiere, y que nadie somos quién para decirle a quién y cuándo debe inspirar la fundación del grupo que sea; pero como quiera que el criterio evangélico -"por sus frutos los conoceréis"- además de meridianamente claro es de obligada aplicación, uno tiende a pensar que esta proliferación de fundaciones se debe probablemente más al estricto quehacer de la humana imaginación o/y vanidad, que al impulso del Espíritu Santo.
Contrasta con esta "(funesta) manía de fundar", la sencillez procedimental del mismísimo Jesucristo. Efectivamente, cuando de Él decimos que "fundó" la Iglesia, nos estamos refiriendo a una actividad que poco tiene que ver con lo que hacemos los humanos cuando nos ponemos a ello. Porque como dice san Agustín de una manera insuperable, es del costado de Cristo herido por la lanza en la cruz, de donde nace la Iglesia y sus señas de identidad, los sacramentos.
O sea: que los cristianos no somos fundados, sino engendrados. Nacemos de un acto de amor y entrega sin precedentes. Por eso, la Iglesia se parece más a una criatura viva que a una sociedad, pongamos por caso, mercantil. De ahí, por ejemplo, su extrema fragilidad. Interesantes e importantes matices, creo yo.

lunes, 7 de junio de 2010

El Papa en Chipre: a ti te lo digo Juan...

Del viernes 4 al domingo 6 de este mes, el Papa BXVI ha estado en Chipre. Justamente esos mismos días he estado yo fuera de mi lugar habitual de trabajo, por lo que, a pesar de las facilidades que existen hoy día para no desconectarse, he preferido aislarme un tanto y no he seguido prácticamente la peregrinación papal.
Una verdadera peregrinación, como suelen ser los viajes de los papas, porque pretenden un fin religioso de encuentro con las comunidades cristianas y con otros grupos sociales preocupados como aquellas por la búsqueda del bien común, de la justicia y de la paz.
En esta ocasión, BXVI ha sido especialmente audaz escogiendo la isla de Chipre, uno de esos "escaparates" mundiales de la dificultad que entraña la convivencia étnico-religiosa, porque, además de lo dicho, al interior mismo del cristianismo, Chipre presenta un rostro de especial debilidad -desde luego, numérica, pero no sólo- del catolicismo del que el papa es supremo pastor.
Entre discursos, homilías y una conversación con los periodistas en el avión, he contabilizado doce intervenciones del pontífice en poco más de cuarenta y ocho horas. No está mal.
Por su interés más allá del ámbito estrictamente religioso, reproduzco unos párrafos de su discurso ante las autoridades políticas y representantes diplomáticos.
Evidentemente, no lo harán, pero si lo hicieran, ¡cuánto fruto sacarían nuestros políticos leyendo unas consideraciones tan sencillas como profundas de inmediata aplicación a su quehacer cotidiano, marcado desgraciadamente por corrupciones varias, entre ellas la más importante, a mi juicio, la corrupción intelectual, es decir, la carencia -consentida- de ideas iluminadoras de su actividad! Este es el extracto que he elegido:

"Pero ¿qué significa en términos prácticos respetar y promover la verdad moral en el mundo de la política y la diplomacia, en los planos nacional e internacional? ¿Cómo puede la búsqueda de la verdad lograr una mayor armonía en las regiones atribuladas de la Tierra? Yo sugeriría que se puede hacer de tres maneras.

En primer lugar, la promoción de la verdad moral significa actuar con responsabilidad sobre la base del conocimiento de los hechos. Como diplomáticos, sabéis por experiencia que ese conocimiento os ayuda a identificar las injusticias y agravios, a fin de examinar desapasionadamente las preocupaciones de todos los involucrados en un conflicto determinado. Cuando los partidos se elevan por encima de su propia visión particular de los acontecimientos, adquieren una visión objetiva y completa. Aquellos que son llamados a resolver estas disputas son capaces de tomar decisiones justas y promover la reconciliación genuina cuando captan y reconocen la plena verdad de una cuestión específica.

Una segunda manera de promover la verdad moral consiste en la deconstrucción de las ideologías políticas que quieren suplantar a la verdad. Las trágicas experiencias del siglo XX han puesto al descubierto la falta de humanidad que se deriva de la supresión de la verdad y la dignidad humana. En nuestros días, estamos siendo testigos de los intentos de promover supuestos valores con el pretexto de la paz, del desarrollo y de los derechos humanos. En este sentido, hablando ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, llamé la atención sobre los intentos de algunos sectores de reinterpretar la Declaración Universal de los Derechos Humanos para dar satisfacción a intereses particulares que podrían comprometer la unidad interna de la Declaración y alejarla de su propósito original.

En tercer lugar, la promoción de la verdad moral en la vida pública exige un esfuerzo constante en basar el derecho positivo en los principios éticos de la ley natural. El recurso a esta última fue una vez considerado evidente, pero la marea del positivismo en la teoría jurídica contemporánea requiere la actualización de este axioma importante. Los individuos, las comunidades y los Estados, sin la guía de verdades objetivamente morales, se convertirían en egoístas y sin escrúpulos, y el mundo sería un lugar más peligroso para vivir. Por otra parte, respetando los derechos las personas y pueblos, se protege y promueve la dignidad humana. Cuando las políticas que apoyamos se promulgan en armonía con la ley natural propia de nuestra humanidad común, nuestras acciones se vuelven más sólidas y conducen a un ambiente de comprensión, justicia y paz."



jueves, 3 de junio de 2010

Un pasado vivo para que no se nos muera el presente

En el post del 26 de Mayo que dediqué a las relaciones entre las Iglesias de Roma y Moscú, terminaba haciendo referencia a la reflexión que sobre la Tradición aportaba en un reciente documento o alocución el patriarca Kiril de Moscú. Prometía volver sobre el asunto. Pues aquí estoy.
La referencia a la Tradición, una realidad imprescindible en el discurso teológico católico, y no digamos en el ortodoxo, se ha ido convirtiendo en algo entre maldito y tabú en muchos medios católicos obsesionados por el cambio, por el futuro, por el progreso, o por eso que llaman la "transformación" de la historia, y grandezas por el estilo.
Son muchos, tal vez simplemente bastantes, los que con la mejor voluntad, han ido sucumbiendo durante estos años -básicamente a partir del Concilio- a ese delirio arrasador de cualquier vestigio de lo "tradicional" (es decir, de aquello que es deudor de la Tradición) en la vida o praxis de la(s) iglesia(s), guiados por algunos falsos intelectuales, y en realidad ilustres ignorantes, que estigmatizaban, y siguen haciéndolo, como equivalente de la caverna, de la vuelta a un pasado oscurantista y opresor contrario al evangelio y al mismísimo Jesús de Nazaret, todo lo que nos vinculara con ese sedimento precioso de la Historia.
No se daban cuenta, no se la dan, esos sofistas de que una sencilla distinción podría librarles de tanta confusión y reconciliarles con la verdad: la buena, la que tiene una real capacidad de liberación.
Para no meterme yo a teorizar sobre asunto tan importante que no carece, desde luego, de complejidad, he preferido transcribir unas sencillas afirmaciones de un sabio, Jaroslav Pelikan, cuya peripecia vital le llevó a peregrinar desde su luteranismo de nacimiento a la Iglesia ortodoxa en cuyo seno murió hace muy pocos años (2006).
Precisamente fue, sobre todo, su estudio -gigantesco- de la Tradición lo que le acreditó mundialmente como un estudioso de primerísima división.

"La Tradición es la fe viva de los muertos; el Tradicionalismo es la fe muerta de los vivos. La Tradición vive en constante diálogo con el pasado al tiempo que (nos) recuerda dónde estamos, cuándo, y que somos nosotros los que tenemos que decidir. El Tradicionalismo supone que jamás hay que hacer algo por primera vez, porque todo lo que hay que hacer para resolver cualquier problema, es referirse simplemente al testimonio supuestamente homogéneo de una tradición determinada".

No resultaría difícil, creo yo, recomponer el enfoque de los problemas de nuestras iglesias hoy, dejándose iluminar por la luz que nos ofrecen estos sabios.

martes, 1 de junio de 2010

Algo más que poesía: Rainer Maria Rilke

Una de las mejores cosas que le pueden pasar a uno en la vida, es tener un buen bachillerato con profesores de calidad. Yo tuve esa suerte, y la prueba es que, después de tantos años, mantengo vivos muchos recuerdos de aquellas clases y de aquellos profesores; y no me refiero a recuerdos anecdóticos, que también, sino a recuerdos de contenidos: cosas que aprendí bajo su dirección y que nunca se han olvidado.
Me viene esto a la cabeza porque uno de los profesores de literatura que tuve, nos enseñó a descubrir y disfrutar de un poeta -Rainer Maria Rilke- que ya entonces me impresionó (en las excelentes traducciones de José Mª Valverde), y sobre el que vuelvo con menos frecuencia, lo reconozco, de lo que debiera.
Cuando el viernes pasado visité la feria del Libro, como ya conté en un post, descubrí (debería decir mejor: me descubrió) una edición de la editorial Trotta en su colección Mínima con una selección de cuarenta y nueve poemas de RMR.
Por casualidad, mientras pagaba, abrí por la página 45:

"No puedes esperar que vaya Dios a ti
para decirte: Existo.
Un Dios que revelara su fuerza
no tendría sentido.
Debes saber que Dios te atraviesa
como un soplo, desde el origen.
Y si arde tu corazón y nada expresa,
entonces es que actúa dentro de ti."
(Para festejarme, 1899)

Me gusta mucho esta teología, como tímida o balbuciente, respetuosa y provocativa a un tiempo, sugerente y relajante, con la bruma de la poesía a cuestas, desafiando no la racionalidad, sino ese racionalismo impertinente que nos sofoca con frecuencia.
Me gusta. Volveré sobre RMR.

Homenaje (¿algo tardío?) a un pionero: Matteo Riccii

Acaba de concluir la celebración del IV centenario de la muerte del jesuita P. Matteo Ricci. Me da tristeza decirlo y me gustaría equivocarme, pero apuesto doble contra sencillo a que, no ya los damnificados de la Logse, sino una inmensa mayoría de conciudadanos de buen bachillerato y más que aceptable nivel cultural, ignoran por completo la existencia y, lo que es más importante, la peripecia de este sabio y audaz religioso que, en la linea del mejor hacer jesuítico, fue un verdadero pionero de eso que hoy se denomina pomposamente "inculturación".
Como todo el que se adelanta a su tiempo, fue mal comprendido por no decir completamente incomprendido. Si en nuestra época la tarea de presentar la fe cristiana a un mundo cultural y religioso distinto de occidente, resulta arriesgada, tanto teórica como prácticamente; si hoy, que tendemos a pensar en las demás culturas y religiones con una mente abierta y acogedora (eso vamos diciendo al menos), no es fácil mantener un discurso suficientemente equilibrado y eficaz, podemos imaginar lo que supuso de escándalo hace cuatro siglos la opción del padre Ricci de hacerse chino con los chinos para que pudiera resonar entre ellos el mensaje cristiano sin acentos de invasión colonizadora. No es extraño que le llamaran al orden y que el "experimento" se frustrara prácticamente quedando como hibernado esperando tiempos mejores.
Tal vez esos tiempos hayan llegado ya; en cualquier caso, resulta conmovedor oir al Papa BXVI (de cuya preocupación por China da buena prueba una interesantísima carta que envió a los católicos nacidos en esa inmensa nación) referirse hace un par de días a este centenario.
Aun a riesgo de alargar un tanto este post, no me resisto a compartir con mis lectores estos párrafos que hablan por sí solos de la importancia que reviste para la iglesia de hoy la intuición fundamental de Ricci, al que, como se ve, se rinde merecido homenaje desde las más altas instancias eclesiales, aunque sea con 400 años de retraso.

"La obra de este gran misionero presenta dos aspectos que no deben separarse: la inculturación china del anuncio del evangelio y la presentación a China de la cultura y de la ciencia occidentales. A menudo los aspectos científicos obtuvieron mayor interés, pero no hay que olvidar la perspectiva con la que el padre Ricci entró en relación con el mundo y la cultura chinos: un humanismo que considera a la persona inserta en su contexto, cultiva sus valores morales y espirituales, tomando todo lo que encuentra de positivo en la tradición china y ofreciendo enriquecerla con la contribución de la cultura occidental pero, sobre todo, con la sabiduría y la verdad de Cristo. El padre Ricci no va a China para llevarles la sabiduría y la cultura de Occidente, sino para llevarles el Evangelio, para dar a conocer a Dios. Escribe: “Durante más de veinte años cada mañana y cada noche he rezado con lágrimas al Cielo. Sé que el Señor del Cielo tiene piedad de las criaturas vivientes y las perdona (…) La verdad sobre el Señor del Cielo está ya en los corazones de los hombres. Pero los seres humanos no la comprenden inmediatamente y, además, no se inclinan a reflexionar sobre una cuestión semejante" (Il vero significato del "Signore del Cielo", Roma 2006, pp.69-70). Y es precisamente mientras lleva el Evangelio, cuando el padre Ricci encuentra en sus interlocutores la demanda de una confrontación más amplia, de modo que el encuentro motivado por la fe se convierte también en diálogo entre las culturas: un diálogo desinteresado, libre de objetivos de poder económico o político, vivido en la amistad, que hace de la obra del padre Ricci y de sus discípulos uno de los puntos más altos y felices en la relación entre China y Occidente. Al respecto, el “Tratado de la amistad" (1595), una de sus primeras y más conocidas obras en chino, es elocuente. En el pensamiento y en la enseñanza del padre Ricci la ciencia, la razón y la fe encuentran una síntesis natural: “Quien conoce el cielo y la tierra – escribe en el prefacio a la tercera edición del mapamundi – puede encontrar que Aquel que gobierna el cielo y la tierra es absolutamente bueno, absolutamente grande y absolutamente uno. Los ignorantes rechazan el Cielo, pero la ciencia que no llega al Emperador del Cielo como a la causa primera, no es para nada una ciencia".